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domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Qué sabes hacer en diez minutos...?


Podía verle a través del cristal de la sala de profesores… sólo a través de las rendijas de las hojas de la persiana, pero le veía, sentado a la mesa, le había tocado guardia durante el descanso, y fingía leer exámenes. Cualquiera que le hubiera mirado, que sólo le hubiera echado un vistazo, hubiera podido pensar que efectivamente estaba corrigiendo los exámenes de antes de la evaluación navideña… cualquiera que le conociera tan bien como yo y se molestase en mirarle con atención, se hubiera dado cuenta de que estaba haciendo un simple paripé… un hombre tan sereno como él, un hombre que casi siempre iba con las manos relajadamente en los bolsillos y a quien ni siquiera los más testarudos o rebeldes alumnos conseguían sacar de sus casillas, desde luego no daría esas innegables muestras de nerviosismo sólo por estar leyendo exámenes… Desde luego, no estaría dando vueltas al bolígrafo entre los dedos como una majorette con su bastón. El boli casi no se veía de lo rápido que giraba. Su pierna no se movería arriba y abajo constantemente, no consultaría cada diez segundos su reloj, y no estaría sudando… A pesar de ser Diciembre y que la temperatura era normal, yo podía ver que se había quitado la bata blanca que solía usar siempre, y tenía ligeros cercos de humedad en torno a las axilas en su camisa azul… Cristóbal estaba hecho un flan, y se notaba.

Yo misma tenía serpientes en el estómago. Desde que habíamos empezado a encontrarnos, sólo una semana atrás, nos las habíamos ingeniado para tener momentos agradables en el instituto donde ambos trabajábamos, sin que nadie nos descubriese… desde luego era arriesgado, muy arriesgado… No sólo nos jugábamos el puesto y un expediente que quizá nos imposibilitase para dar clase (nuestros alumnos eran menores de edad en su mayoría, y si teníamos la desgracia de que fuera uno de ellos quién nos pescara…), sino que además, Tóbal estaba casado. Que yo supiera, no era la primera vez que se atrevía a engañar a su esposa, era un secreto a voces que había tenido algún que otro lío anterior, si bien nunca dentro del propio instituto… la verdad, que eso se le notaba en la soltura que tenía planeando citas, en su atrevimiento… y en su frialdad para salir del paso. El día anterior, Oli, el bibliotecario de la Universidad, había estado en un tris de descubrirnos el pastel… bueno, para ser más exactos, nos pescó en plena faena, pero le dijimos que estábamos ensayando para la obra que representamos entre profesores… como la obra tiene escenas algo subidas de tono y como Oli, pese a llevar casado medio año, es la persona menos picardeada que haya visto nunca, había colado… pero la excusa, había sido idea de Cristóbal.

Frente a la sala de profesores, por fuera, estaba la mesa de secretaría. Lo último que yo tenía que burlar para entrar allí con él y tener nuestro momento a solas… sin que nadie pudiera decir que me había visto entrar. La única secretaria que estaba allí, jugaba al tetris distraídamente en su ordenador y me acerqué con expresión ansiosa.

-¡Toñi! – dije - ¿No hay nadie más que tú aquí?

-No, señorita Viola, todas se han ido a almorzar… ¿qué pasa?

-Mira que lo saben, mira que se lo he dicho… ¡pues nada! ¡Un día, vamos a tener un disgusto, no será que yo no lo he advertido!

-¿Pero, qué….?

-Mira, Antoñita, siento cargarte a ti esto, pero yo tengo una tutoría, y ALGUIEN lo tiene que hacer. El chanistrán que hay abajo, en el rectrafeser, está condensando solo… ¡y no puede quedarse solo, porque… nunca pasa nada, pero basta que no haya nadie escaneándolo, y se produzca una fuga de jeriglostato y a ver qué hacemos…! ¡Todos los datos de la base madre a la porra, y encima se puede cortocircuitar, y salimos ardiendo todos! Corre, baja y quédate hasta que termine, por favor… yo tengo que ir a mi tutoría, y no puedo entretenerme.

-Pero,… pero… - la pobre Toñi no había entendido ni torta, pero yo había hablado con tal seguridad, que no se atrevía a contradecirme. – Pero… ¿dónde… dónde tengo que…?

-Abaaajo, mujer, si te lo he dicho, ¡en el rectrafeser, el chanistrán que está condensando, tú te quedas a escanearlo hasta que acabe! ¡Sólo tienes que vigilarlo, sin más, si ves que se empieza a jeriglostatizar o a hidrogenizarse, sólo tienes que desenchufarlo, y luego llamamos al servicio técnico autorizado!

Toñi, totalmente aturdida, salió corriendo sin saber muy bien aún a dónde se dirigía… Una gran sonrisa se abrió en mi rostro y miré hacia la sala de profesores. Cristóbal seguía con la vista fija en los papelotes. El pasillo estaba desierto, todo el mundo estaba almorzando, nadie se acercaría aquí ni aunque se hubiese dejado los pantalones olvidados… teníamos un rato de privacidad.

Cristóbal levantó la cabeza cuando oyó cerrarse la puerta. Me sonrió, pero sonrió más aún cuando eché la llave a la sala de profesores, giré la hojas de la persiana para dejar ciega la ventana interior y me solté de un tirón un par de botones de la blusa, dejando al descubierto un hombro y parte del sostén.

-¿Qué sabes hacer en diez minutos….? – pregunté. Cristóbal se levantó de su silla y se lanzó a por mí, encajonándome en la pared. Quise reprimirme, pero un grito se escapó de mis labios, mezcla de pasión y de quedarme sin aire por su embestida. Tóbal enterró su cabeza entre mis pechos, tirando de mi sostén para bajarlo sin desabrocharlo, y sin dejar de frotarse contra mí, mordió mis pezones, haciéndome ahogar un segundo grito, que me hizo abrir desmesuradamente los ojos. - ¡Sí…. Sí, bestia….! – musité.

Oí el sonido de una cremallera al abrirse, mientras Tóbal descendía en sus lengüetazos y mordiscos por mi vientre, haciéndome vibrar de deseo, placer y cosquillas… mi sexo, ya juguetón desde antes de entrar por la perspectiva del encuentro, ahora estaba literalmente chorreante. Mi amante se arrodilló frente a mí y metió su cabeza bajo mi falda, arremangándola pese a ser corta. Mis jadeos eran cada vez más evidentes, por más que yo quisiera contenerme… ¡pero se me escapaban…! Cuando hizo a un lado la tela de las bragas y enterró su cara en mi sexo, una feroz corriente de placer y felicidad me acalambró el cuerpo y tuve miedo de ponerme a berrear como una loca. Me tapé la boca con una mano mientras con la otra me agarré a uno de los pomos del perchero que tenía junto a mí, porque Cristóbal me aupó, hasta dejarme las piernas en sus hombros y empezó a lamer como un poseso.

Sentía mi cara roja, ardiente, mientras su lengua hacía delicias en mi interior, moviéndose como un animal enjaulado… Tóbal movía su cabeza de arriba abajo, de derecha a izquierda, dando rugidos, y mis piernas empezaron a temblar… ¡no podía soportarlo, era demasiado…! Mi botón palpitaba, y en ese momento, mi compañero abandonó mi interior, para apresarlo entre sus labios. Mi cuerpo entero se convulsionó y tiré ferozmente del perchero, que crujió, pero no podía soltarlo…. ¡me moría de gusto! El placer era inenarrable, el morbo por el peligro, la ansiedad contenida por no poder gritar… los dedos de mi amante se colaron en mi interior mientras sus labios succionaban de mi clítoris sin ninguna delicadeza, empezó a penetrarme con ellos casi salvajemente, y quise pedirle que parase, que se moderase… porque temía ponerme a chillar, pero ni podía hacerlo (de haber abierto la boca, habría gritado mi placer), ni aunque lo hubiera hecho, Cristóbal me hubiera hecho ningún caso, de modo que me llevé a la boca el bolígrafo que suelo llevar en la oreja y lo mordí con fuerza, mientras los dedos de mi amante me taladraban sin piedad y su boca chupaba mi clítoris como si pretendiese arrancármelo….

Las oleadas de placer eran cada vez más intensas, más seguidas… el subidón de maravilloso gozo me hizo retorcerme como una serpiente, tiré con mayor fuerza del perchero y el bolígrafo que mordía se partió entre mis dientes, mientras el delicioso calor estallaba en mi cuerpo y era consciente del sudor que empapaba mis ropas… Cristóbal me bajó cuidadosamente las piernas temblorosas al suelo y se incorporó, aún hambriento. Hizo ademán de limpiarse la boca, pero no se lo permití: escupí los restos del boli, le agarré de la cara, y le besé tal como estaba, empapado de mis jugos hasta la barbilla… Tóbal se frotaba contra mí, apoyado en la pared, y sin dejar de darle lengua casi con furia, bajé mi mano derecha hasta su pene, ya liberado de las ropas y ansioso por obtener su parte en la fiesta… Lo froté golosamente contra mi rajita, aún palpitante, y lo acerqué a mi agujerito, que no por acabar de correrse, estaba menos ansioso.

Cristóbal, sintiéndose en la puerta del placer, jugueteó un poco en la entrada… yo me revolvía de pura inquietud y de deseo sintiendo cómo me metía sólo la punta… abrazándole con una pierna, solté un momento su boca para lamerle sus pequeñas orejitas y susurrar "más… por favor…". Tóbal no se lo hizo repetir y de un certero movimiento de cadera, la ensartó hasta el fondo. Mi boca se abrió en un grito mudo y mi amante puso los ojos en blanco, tiritando de placer… ¡qué maravilla…! ¡¿Cómo era posible que el ser humano pudiera ser tan feliz… que pudiera alcanzar tanto gozo….?! Mi amante no pudo contenerse más, y empezó a bombear como un loco, encajonándome contra la pared… su miembro me taladraba, ardiente y palpitante, y a pesar que acababa de gozar, el placer subía de nuevo por mi cuerpo, preparándome para otro orgasmo, que me iba a llegar en muy poco tiempo… apreté a Cristóbal contra mí, lamiendo su cuello, sus orejas, buscando el inicio de su pecho entre la camisa azul… él se apoyaba con las manos en la pared, pero le llevé una a mis nalgas… me arremangué totalmente la falda y le metí la mano bajo mis bragas. Tóbal me miró con ojos traviesos, de vicioso, y me sonrió, apretándome la carne, buscando incluso mi agujerito trasero… su excitación crecía tan imparable como la mía, sus caderas se movían como si tuviera en ellas un motor, y entonces, su mano en mi culo descendió más y tocó mi periné, el espacio entre mi vagina y mi ano… ¡fue una verdadera explosión! Me besó casi asustado, viendo en mi cara que iba a gritar, y efectivamente, mis gemidos, ahogados en su boca, fueron irrefrenables al sentir aquél gozo orgiástico…

Mi sexo palpitaba, abrazando la polla de Cristóbal, que no dejaba de moverse, y para quien la excitación, y el ver cómo me corría entre sus brazos por segunda vez, fue demasiado, y sin soltarme la boca, empezó a gemir él también… sus embestidas bajaron ligeramente de ritmo, entrando y saliendo plenamente, mientras gemía con la boca pegada a la mía, entornando los ojos de placer, con su mano crispada en mi culo… pude sentir perfectamente el semen salir de su miembro mientras me tragaba sus gemidos, su aliento caía en mi boca… éstos fueron bajando de intensidad suavemente mientras su polla aún entraba y salía de mí, y su esperma resbalaba por entre mis piernas… Nos dedicamos caricias y abrazos por un instante, mientras él se separaba de mí… Entonces, vi su miembro, a medio bajar, totalmente empapado… y siguiendo un impulso, simplemente me arrodillé y lo lamí para limpiarlo.

Tóbal ahogó un grito que se convirtió en gemido al notar su pene en mi boca… succioné dulcemente y tragué, hasta dejarlo limpio… Pero claro está, entonces ya no bajaba… mi amante me miró casi suplicando, y sonriendo, lo metí nuevamente en mi boca. Cristóbal no pudo evitar tomarme de la cabeza y literalmente, "follarme la boca". Me agarré a sus muslos y los acaricié, mientras no dejaba de lamer y acariciarlo con la lengua… Tóbal no era tan joven como podía serlo mi ex, pero en el aspecto sexual seguía en forma… y no cabía duda de que no se lo estaba haciendo mal del todo, porque enseguida empezó a convulsionar… no podría aguantar mucho… sin dejar de chupar, empecé a masajearlo también con la mano, y con la otra acaricié sus testículos… Mi amante se dobló de puro gusto y me apretó la boca contra su miembro, intentando por todos los medios no gritar, mientras su descarga me inundaba la boca y yo tragaba rápidamente… Había sido rápido, pero… uffff… había sido muy bueno.

Cristóbal y yo nos arreglamos la ropa rápidamente, casi no quedaba tiempo ya… ninguno de los dos tenía aún la respiración en orden y no podíamos dejar de sonreír. Tóbal me ofreció un caramelo de menta con una sonrisa lasciva y se lo acepté.

-Esta tarde…. – me dijo como distraídamente, mientras se estiraba bien la camisa dentro del pantalón y volvía a ponerse su bata blanca que le ocultaría los, ahora mucho más evidentes, rodalones de sudor de las axilas – si quieres… podría tener una reunión de tutores y volver a mi casa más tarde… no puedo pasar la noche fuera, pero, si quieres que nos veamos un rato en tu casa… si puedes.

Sonreí. Cristóbal, no sabía qué plan de familia tenía yo, por eso preguntaba si podía… no sabía si yo vivía con mis padres, o, por qué no, con un tío… no sabía que había dejado a mi ex por él entre otras cosas, y que ahora sólo compartía mi piso con mi gato.

-Vale. ¿Te recojo, o sabes ir….?

-Es mejor que no me lleves, conviene que no nos vean juntos. Tú vas a tu casa, normal, yo saldré de aquí y tomaré el camino de la mía, y en cuanto me aleje un poco, me desvío. No te preocupes, sé dónde está.

Nos besamos un par de veces más, con besos húmedos aunque ligeros, ya no podíamos correr más riesgos… Salí, efectivamente no había nadie en el pasillo, y Tóbal me despidió con un cariñoso azote en el trasero mientras yo salía corriendo, volviéndome a mirarle de vez en cuando, sonriéndonos como dos niños traviesos.

Cristóbal se metió en el baño de la sala de profesores, para asegurarse que no estaba despeinado ni tenía manchas delatoras de semen o carmín… en efecto, tenía un grueso cerco rosa en torno a los labios, y… vaya, también un mordisco en el cuello. Eso era algo más difícil de solucionar, tardaría un rato en irse… bueno, mientras, apoyaría la mano en ese lado del cuello, y cuidaría de cerrarse la bata, así no se notaría. Una vez recompuesto, volvió a sentarse en su mesa a corregir exámenes, pero esta vez de verdad… no pasó ni un minuto antes de que llegasen sus compañeros.

-Hola, Cristóbal… ¿qué tal la guardia del almuerzo…?

-Ah, aburrida, como siempre… - dijo el citado, mientras Amador colgaba su abrigo de la percha que había junto a la puerta y esta cedió de golpe.

-¡Ole! ¡Qué pato tienes, Amador! – le regañó Luis mientras el pobre Amador no sabía dónde meterse e intentaba explicar que él sólo había colgado su abrigo, que la percha ya debía estar floja de antes… Cristóbal bajó la cabeza e intentó concentrarse en los exámenes y no soltar la carcajada…

*******

En el sótano, moviendo la cabeza como quien mira un partido de tenis, Toñi, la secretaria, se pasó una hora y media vigilando atentamente el papel que salía de la fotocopiadora.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Mariposa y yo: placer en el Metro.


"Ten un buen día en el banco" Había dicho… "Ten un buen día en el banco…" Y yo no podía dejar de darle vueltas a la cabeza… Repasé mentalmente nuestras conversaciones, pero era absurdo, sabía de sobra que NO habíamos hablado de nada referido a nuestra vida privada, yo no le había dicho dónde trabajaba, ni siquiera mi nombre… sin embargo, ella lo sabía. Mariposa me conocía. Probablemente yo la conociera también, pero no sabía quién era, y eso me dejaba en una situación de desventaja… y vulnerabilidad, que no me estaba gustando nada. ¿Y si quién quiera que fuese, pretendía reírse de mí, o chantajearme? Lo primero, mal estaba, pero podía soportarlo… a las malas, podía incluso cambiar de trabajo… pero lo segundo era mucho más serio, y lo cierto es que me estaba empezando a asustar. Una parte de mí no quería tomar aquello en cuenta, quería simplemente seguir disfrutando de la recién empezada relación, pero otra ponía muchísimos peros… y me temía que con razón.

La cuestión era ¿cómo podía yo enterarme de quién era mi ama…? En un principio, y debo admitir que con cierta ilusión, mis sospechas recayeron sobre mi princesita. Me parecía muy poco probable que una chica como ella, de apariencia tan formal, tan sensata, tan educada… tan princesa, fuese capaz de establecer una relación de dominación con un desconocido e incluso mostrarle su sexo y cómo se masturbaba por la cámara (ver relato anterior), pero tenía que asegurarme…

-Una cosa quería preguntarte… - le dije aquélla mañana de martes, frente a la máquina del café - ¿Te…gustan especialmente las mariposas….? – No se me ocurrió otro modo de intentar sonsacarla con un poco de disimulo. Ella se me quedó mirando y sonrió.

-¿Piensas llevarme a alguna exposición de mariposas…? Eres muy amable… después de lo mal que me he portado contigo… Me alegra que tú también quieras que sigamos siendo amigos, ¿cuándo sería?

-Eeeh… no, no me refería a… bueno, si te gustan, puedo buscar alguna, pero no quería decir que… déjalo, déjalo. – Y me marché a mi puesto, notando cómo el rubor me subía por momentos ante el patinazo. Mi princesa se me quedó mirando con una mezcla de extrañeza y fastidio y también se marchó. Durante la jornada, desde mi puesto, pude ver que ella, con los auriculares puestos, hablaba con alguien, y parecía estarse desahogando… Yo soy el encargado de puestos y como tal, si lo considero preciso, puedo auditar a una persona, es decir, escuchar todo lo que habla por la centralita sin que ella se dé cuenta, salvo que tuviera instalado un programita antiespías… tal cosa nunca se hace, porque las centralitas hace mucho que quedaron relegadas por el ordenador y la web y se usan muy poco; su uso es más privado que otra cosa, pero como poder… estaría muy feo, desde luego, pero… en fin, se trataba de un caso en el que podría estar en juego mi propio bienestar… yendo al grano, me pinché en su extensión y me puse los auriculares disimuladamente, hundiéndome en la silla un poco más, para que nadie me viera con los cascos puestos. Sin que ella lo notara, pude oír la conversación que mantenía con otra compañera:

- ¡Te aseguro que no entiendo a ése tío, no le entiendo! – decía indignada. - ¡Se supone que está loco por mí, que me adora, y a la primera de cambio, resulta que se va de pingones por ahí!

-¿Pero tú estás segura de que…? – la voz de su amiga era chillona y de ratita, pero ella la cortó

-¡Pues claro! ¿Tú no has visto la cara que trajo ayer…? ¿Cuándo has visto tú a ése tan contento? Sólo sonreía cuando yo le hacía algo de caso, nada más… qué asco de hombres, de verdad que me tienen harta… cómo sabía yo esto, ¡cómo lo sabía! Me lo dije a mí misma, me lo dije… "dale tiempo, que éste viene buscando un polvo, como todos…" Y parecía distinto, la verdad… tú sabes que el pobre es tonto del higo… bueno, o parece tonto del higo, porque para mí que es demasiado listo… éste venía haciéndose el tontito, en plan "voy a ver si yendo de osito de peluche me llevo a ésta infeliz al huerto", ¿sabes?

-Sí… ¡hah! – la voz de ratita ahogó un grito.

-¿Qué? – dijo mi princesa, sin mucho interés.

-No es nada, me… me he pinchado con el portaminas… sí, es cierto, tienes razón que parece tontito… de hecho… yo siempre le he visto cara de imbécil.

¡Casi se me salió el café por la nariz! Me atraganté y tosí ruidosamente, ¡era ella! ¡Quien quiera que fuese la interlocutora de mi princesa, ERA Mariposa! ¡Su tono de voz había cambiado drásticamente en ésa última frase, y su modo de llamarme imbécil era algo que yo podía reconocer hasta en medio de un concierto de heavy metal a todo volumen…! Era indudable que ella SÍ tenía instalado en su sistema el programa antiespías, y había visto que estaba escuchando la conversación. Me puse blanco del susto y mis tripas se retorcieron… Casi al instante, me saltó un mensaje en mi correo, y lo abrí. Era de Mariposa, no tenía remitente del trabajo, sólo decía "dirección desconocida", y el cuerpo del mensaje era bastante escueto:

"Cotilla"

Quise que se me tragara la tierra… ¿y si se lo decía a ella…? Aún así, seguí escuchando, ¡tenía que saber qué se decían, tenía que estar preparado por si me delataba…!

-Y tanto que es un imbécil… -decía mi princesa – Tenerme tan cerca, y no saber que lo que estoy haciendo, es ponerle un poco a prueba… ahora desde luego, no me liaba con él ni por dinero… ¡vaya amor el suyo! Y vete a saber con qué pendona se habría enrollado… con alguna de ésas que no tienen autoestima, porque para hacérselo con ése gordo…

Fue como si me hubieran dado un puñetazo en la boca del estómago. La voz de ratita se rió.

-Pero, ¿no estuviste saliendo con él casi medio año en plan amigos…? Después de ese tiempo, ¿no querías aún algo con él…?

-Oh, vamos… tú sabes que mientras salía con él, estaba todavía con Ernesto, ¡tuve que hacer malabarismos para que no se enterase ninguno de los dos…! Apenas acababa de cortar con él definitivamente, cuando éste tonto de baba me pide ir en serio, ¡yo necesitaba más tiempo! Pero no podía decirle que había estado entendiéndome con otro, después de cortar con Antonio, mientras estaba con él… lo de Ernesto sucedió solo, no lo planeé… vino a por mí, me dijo que quería lío, y tú sabes que Ernesto no está para despreciarlo…

-Sí… - era increíble cómo cambiaba la voz de Mariposa… SABÍA que era ella, ella misma me lo había hecho saber, y sin embargo, esa aguda voz de ratita no era en absoluto la voz que me hablaba por el programa de mensajería en nuestras sesiones de dominación, ¿cómo lo hacía? – Y si éste te hubiera pedido cama de buenas a primeras, si hubiera ido por las claras, a lo mejor tú hubieras cedido…

-¿Con ÉSE de buenas a primeras….? Por favor, ¡no tengo tan mal gusto! A Ernesto, pase, porque está bien hecho, pero éste, si quiere sexo conmigo, ya se lo podía ir ganando… por favor, con esa pinta de perdedor, ¡si me pongo tacones, se tendría que poner de puntillas para besarme! Y ahora, desde luego, que se despida. Hoy me viene como si quisiera invitarme, y luego se raja, no sé a qué juega… ¡y me revienta esa cara de golfo satisfecho que trae últimamente! ¿Eso es todo lo que me quería? ¡Cualquiera diría que estaba deseando librarse de mí! ¡Se supone que debería estar sufriendo y deshecho!

-Tienes razón… los hombres, no saben luchar por lo que quieren… seguro que si le interesases de verdad, no se habría dado por vencido al primer "no", aunque fuese después de seis meses de espera y negativas…

- ¡Claro, eso es lo que digo yo….! ¡Como esa estúpida manera de hacer barricadas que tienen los tíos! Ricardo, su amigo, por ejemplo…. Le digo que estoy desesperada, que éste no se lanza, que necesito algo… y me suelta que por amistad, no se puede enrollar conmigo. ¡Por amistad hacia él! ¿Y yo, acaso no soy también su amiga….? ¡No, claro, él es un hombre, y es más amigo que yo…! Ay… ¿cuándo voy a encontrar a un hombre que me quiera de verdad, que no le importe esperar, y que si le digo que no, sepa que le estoy probando a ver si me quiere de verdad o no….?

Yo creía volverme idiota… ¿¿¿Quién la entendía??? Resulta que yo le daba poco menos que asco, pero hubiera estado dispuesta a tener algo conmigo si yo poco menos que la adoraba como un sirviente; me había estado diciendo que no quería relaciones serias, y se había estado tirando a otro a mis espaldas mientras yo estaba a sopitas, y después de darme calabazas, yo intentaba rehacerme un poco, y resulta que eso, estaba mal… pero que ella se andase zumbando a media oficina, era normal… No pude evitar, eso sí, sentir gratitud hacia Ricardo… por algo era mi mejor amigo, al menos él, no se la había tirado por respeto a mí, aunque ella se le hubiese insinuado… me llegó otro correo, también de Mariposa.

"¿Has tomado buena nota de lo que le importas a tu princesita….? No se te ocurra intentar averiguar quién soy, lo sabrás a su debido momento. Los niños curiosos deberían llevarse su castigo, pero has averiguado esto de modo involuntario, y supongo que lo que estás oyendo te servirá de lección. Esta tarde, cuando vuelvas a casa en el Metro, no te sientes. Quédate de pie en una esquina, en el último vagón, en el lado opuesto de las puertas".

Mientras leía, seguía oyendo… seguí escuchando toda la conversación, de hecho. Mariposa no dejaba de tirar de la lengua a mi princesa, para que ella soltase no sólo lo que pensaba de mí, sino todas las aventuras y líos que había tenido mientras supuestamente, necesitaba tiempo para pensar en sí misma y en la posibilidad de una relación seria conmigo… me puso verde, me trató de infiel y de inconstante, de no saber valorar lo bueno y no entender el alma femenina… Yo cada vez sentía más lástima y vergüenza de mí mismo; vergüenza por ser tan pardillo, por no haber sabido ver qué tipo de persona era ella, por haberme dejado engañar por conveniencia, por haberla idealizado estúpidamente… casi sentía ganas de llorar de autocompasión… me había llamado "gordo"… yo estaba algo llenito, tenía un poco de tripa, pero no se puede decir que fuera realmente gordo, y el apelativo me hería muchísimo porque de niño sí que había sido gordo y había sufrido rechazo suficiente como para tres vidas por aquello… Siempre he ido de bueno y siempre me han dicho que en la vida, ir de bueno, es ir de gilipollas, pero nunca me había importado, siempre me había sentido bien siendo como era… pero por primera vez, por primera vez en mi vida, deseé haber nacido con otro carácter. Ojalá hubiera sido yo el canalla que ella se merecía, un tipo como Ernesto o como Antonio, que se habían divertido con ella y adiós muy buenas, que la habían usado para un par de polvos y hasta luego…

Pasé todo un día de tortura recriminándome mi falta de personalidad. Poco antes de salir, me acerqué a Ricardo, y le di las gracias. Lógicamente, no entendió por qué:

-Por ser un buen amigo, tío. – contesté.

-Captado, mañana te pago yo el café – sonrió y me dieron ganas de decirle que sabía que se había cortado de liarse con mi princesa por mí, que eso, en un tío como él, más dado a pensar con la cabeza de abajo, era todo un detallazo y una prueba de amistad de primera, pero me contuve. Me daba corte, y supuse que también se lo daría a él. A punto de salir ya por la puerta, amargado y de mal humor, la vi… Nélida. Así se llamaba mi ex princesa. Ella no podía saber que yo había estado escuchando cómo me ponía verde, y me sonrió con dulzura, como si en realidad yo no le diese asco… por primera vez, me di cuenta que no era gentileza, era hipocresía, simplemente… le devolví la sonrisa como pude, y salí de allí. Sólo de camino al Metro me di cuenta que había varias de sus amigas con ella, y que quizá una de ellas fuese Mariposa, pero ya era tarde para intentar tomar nota de las caras. No pude evitar recordar lo que mi ama me dijo la primera vez… "si no estuvieras tan centrado con ella, seguro que ya habrías encontrado a alguna chica dispuesta a darle alegrías a tu cosita…", y recordando aquello, me vino a la cabeza su orden de quedarme en un rincón del último vagón, ¡casi lo olvido…! Una vez más, Nélida hubiera tenido la culpa si eso me salía mal o me quedaba a dos velas… y sinceramente, Mariposa había demostrado ser mucho más limpia y sincera que ella… al menos ella, había ido con la verdad por delante y no le había importado mi aspecto físico, sino sólo que yo fuera un buen sumiso y obediente…

 Me coloqué en la esquina del vagón, en el lado opuesto de la puerta. Había bastante gente, pero en la siguiente parada, el vagón se ponía totalmente imposible; todos los de las oficinas salíamos a la misma hora y lo copábamos. No tenía idea de qué pretendería mi ama, que ni siquiera parecía estar allí, pero mi misión era obedecer, de modo que esperé tranquilamente el trayecto de la primera parada…

Efectivamente, el andén reventaba de gente, como todas las tardes, y tuve que embutirme en mi esquinita para poder dejar paso a la riada que se apretujaba por ocupar un lugar… Varias personas me empujaron involuntariamente para hacerse un hueco, pero entonces noté algo que distaba mucho de ser un empujón involuntario… alguien se frotó descaradamente contra mi espalda, me hizo pegarme más aún a la esquina y unos brazos me rodearon por el pecho… "Es ella…" me dije de inmediato, y mi pene se irguió al instante, menos mal que estaba de espaldas a todo el mundo "Es Mariposa… está aquí, conmigo, me está… me está abrazando…". Automáticamente me quise volver, girar la cabeza para verla por fin, pero hizo fuerza y me impidió moverme… intenté girar la cabeza todo lo que pude en un intento de atisbar, pero mi compañera agachó la cabeza, y sólo pude entrever unos cabellos de color castaño muy claro, como el de las avellanas, con reflejos pálidos… una lucecita me llegó desde delante de mí y miré de nuevo al frente. Mariposa sostenía un teléfono móvil en su mano izquierda:

"No intentes espiar, mira al frente, no hagas ruido y nadie sospechará nada". Supuse que debía llevarlo escrito de antes, pero aún así… era indudable que me conocía bien, sabía que yo intentaría mirarla. ¿Qué querría hacerme…? Porque estaba claro que no se había puesto casi a punto de que la descubriera sólo por darme un abrazo… pensaba en aquello cuando sus manos empezaron a moverse. Ágilmente, pero sin movimientos bruscos, me sacó la camisa del pantalón y metió los brazos bajo ella. Tuve que contener un escalofrío, ¡qué manos tan cálidas…! ¡Qué suaves eran…! Acarició mi pecho y se dirigió a mis pezones, empezó a acariciarlos y a pellizcarlos con suavidad… Intentaba no mirar más que al frente como si no pasase nada, pero no dejaba de mirar de reojo por si alguien nos miraba… Todo parecía tranquilo, salvo yo mismo, que estaba como un flan. Si agachaba la cabeza, podía ver la silueta de sus brazos reptando bajo mi camisa, haciendo su antojo sobre mi piel, poniéndome la carne de gallina cada vez que se deslizaban arriba o abajo… buscando mi garganta, mi cuello… enredando sus dedos en los rizos de mi pecho… en una ocasión, agarró un par de pelos, enrolló sus dedos en ellos y dio un tirón para arrancarlo de cuajo.

-¡Mpfh..! – ahogué un gritito de dolor, cómo picaba… pero de inmediato sus dedos acariciaron la zona de piel torturada por el tirón y mis piernas temblaron como si fueran de gelatina, tuve que apoyar las manos en la pared del vagón, convencido de que si no lo hacía, me desplomaría. Me pareció notar una risita ahogada a mis espaldas y sonreí de oreja a oreja… qué bien me sentía entre sus brazos, ojalá pudiera seguir así para siempre… en medio de aquélla dulzura, su mano izquierda inició una suave, pero más que decidida bajada hacia mi bajo vientre… estuve a punto de brincar y me asusté cuando noté que esa misma mano, sin ningún reparo, desabotonaba mi pantalón, me bajaba la cremallera y se introducía entre mis ropas. Casi desesperado, bajé una de las manos con las que me apoyaba al vagón a mi cintura para evitar que mis pantalones pudieran caer al suelo y empecé a negar con la cabeza.

-No, no… - dije en un susurro prácticamente inaudible, intentando de nuevo mirar por encima de mi hombro. – e-eso no… aquí no…

Un nuevo destello de luz atrajo mi atención: Mariposa volvía a tener el móvil en la mano derecha, en cuya pantalla sólo se leía: "ssssssh….". Tocó un par de botones y salió un mensaje similar al primero: "no digas nada, y nadie se dará cuenta". Después de eso, metió el móvil en el bolsillo de mi gabardina, y su mano volvió a perderse bajo mi camisa, retomando sus caricias, ahora en mi vientre, mientras que la derecha ya estaba dentro de mis calzoncillos, haciendo cosquillas en la base de mi miembro, jugueteando con mi vello y acercándose peligrosamente a mis testículos… Aquello me daba una vergüenza espantosa, temía que en cualquier momento alguien se daría cuenta de nuestro juego y gritaría; alguien nos miraría y se daría cuenta y yo me moriría de vergüenza… pero por otro lado, he de reconocer que también me daba un morbazo tremendo la situación: poco menos que medio desnudo en el transporte público, atestado de gente, siendo masturbado dulcemente sin poder hacer nada y sin que nadie lo notase… todo el mundo deseando llegar a su parada cuanto antes, y yo rogando porque el viaje durase lo más posible…

Mariposa, sin ninguna prisa, bajó su mano izquierda a mis testículos y empezó a masajearlos, pero casi enseguida cambió de mano, y mientras con la derecha me acariciaba las bolitas, con la izquierda empezó a hacer largas y lentas pasadas por mi miembro… Me di cuenta que tenía la cabeza agachada, intentando mirar todo el rato el movimiento de vaivén que se adivinaba bajo mi pantalón flojo, cuando, de un hábil tirón, Mariposa sacó mi miembro de entre las ropas. El contraste de la temperatura ambiente me hizo dar un pequeño respingo, pero el ver mi propia polla, totalmente erecta y deseosa, me produjo un susto considerable, ¡mi ama estaba loca…! ¡Nos podían pescar! Pero, curiosamente, aquél pensamiento, sólo me producía mayor excitación, y tenía que luchar por mantener cerrada la boca, en todos los aspectos, porque igualmente hubiera querido babear ante el cúmulo de sensaciones que se agolpaban en mi cerebro, mi sexo y mi piel, que hubiera querido gritar que me moría de deseo por mi ama, que por favor me usara, que me hiciera su juguete, que me estaba volviendo loco… la adoraba.

Aguantando la tortura de tener que callar todo lo que sentía, disfrutaba de la visión de las manos de Mariposa, pequeñas y delgadas, acariciando mi miembro… Oh, madre de mi alma… ¿cuánto hacía que nadie más que yo mismo me tocaba…? Dos años, o quizá más aún… qué calorcito… qué dulce… su mano izquierda apretó fuertemente mi polla, hasta lograr que un par de gotas de líquido preseminal saliesen por la punta… mi ama las recogió entre sus dedos y untó con ellas mi miembro, ¡qué suave se deslizaba…! Apenas me daba cuenta que mis caderas habían empezado a moverse solas… Mi ama me dio un pellizco en la tripa y me quedé quieto de golpe. Una vez más, sacó su móvil de mi abrigo y me hizo leer otro mensaje: "Quieto". Decía solamente.

No era tarea fácil permanecer inmóvil ante el maravilloso placer que me inundaba, pero me mordí los labios y aguanté como pude… sólo entonces me di cuenta que estábamos en una estación y la gente entraba y salía del vagón. Mi ama dejó su brazo derecho inmóvil, detrás de mí, mientras con la izquierda seguía torturándome… muy, muy despacio, para que no se notase… la gente que entraba volvió a apretujarnos, el tren reanudó su marcha, y Mariposa su juego. Ahora más rápidamente. Estaba bombeando con ganas, con energía… y sin embargo, apenas movía el brazo, sólo lo hacía con la muñeca, era increíblemente hábil… y yo estaba a punto de inundar el vagón, no sabía si iba a ser capaz de correrme quieto y en silencio, el placer era demasiado intenso… su mano subía y bajaba, apretando mi virilidad, deteniéndose astutamente en la punta… finalmente, se centró sólo en ella y comenzó a acelerar, mientras con la mano derecha bajó hacia los testículos de nuevo.

Apreté el puño libre, cerré los ojos con fuerza y mis rodillas temblaron intensamente… me iba a correr, me iba a correr, no podría aguantar mucho más… ¡OH, DIOS! ¡Su mano derecha había bajado más intensamente, estaba acariciando muy cerca de mi ano! Se me escapó el aire del pecho, y sólo a duras penas contuve un gemido, mientras notaba que mis nalgas se contraían para soltar la descarga…. ¡SÍ! Mmmmmmmmmmmh…. Mariposa cerró la mano sobre mi glande en el momento justo para evitar que el esperma se derramara sobre el suelo y mis ropas, mientras yo hacía ímprobos esfuerzos por no gemir mientras el delicioso placer me inundaba, me recorría el cuerpo en oleadas cálidas, tan dulces… noté mis sobacos empapados en sudor, mi cabeza echándose hacia atrás, una sonrisa boba abriéndose en mi cara, mis ojos en blanco… "qué pasadaaa…" sólo fui capaz de pensar. No me salió nada más inteligente…

Noté algo suavecito en mi glande, y miré. Las manos de Mariposa empuñaban un kleenex, en el que recogieron la descarga, aunque tuvo que usar dos más para dejarlo totalmente limpio. Quise auparme bien el pantalón, pero mi ama, dulcemente, me retiró la mano. Noté que mis pantalones se escurrían peligrosamente, pero apenas fueron un par de centímetros. Mariposa me subió bien la ropa, me colocó el pene dentro de la ropa interior y lo acomodó dándole un par de palmaditas, como quien acaricia a un perrito que se ha portado bien… me colocó bien la camisa dentro del pantalón, y lo cerró. Una vez más quise volverme, hubiera dado media vida por verle el rostro, arrodillarme frente a ella y que me apretara contra su pecho, que me besara… o simplemente, que me permitiera besarle los pies, lamerle las rodillas… pero de nuevo hizo fuerza contra mi espalda y me impidió volverme. Sacó su móvil del bolsillo de mi gabardina y la oí teclear algo. Me lo mostró: "Me bajo en ésta estación. Sé buen chico y sigue con la nariz pegada al rincón hasta que arranque el tren. Te estaré mirando, y si levantas la cabeza, no te castigaré… directamente no me volverás a ver. Aguanta la curiosidad y luego mira en tus bolsillos. Hasta luego, Imbécil".

Sólo yo sé lo que me costó obedecer. Pensé que si ponía el brazo por delante, no se notaría mucho si atisbaba por debajo… o tal vez podría echar una mirada mientras ella bajaba del tren, que tendría a la fuerza que darme la espalda… o a lo mejor mientras el tren se alejase… o tal vez podría perderla para siempre si hacía el idiota. Nunca los segundos de la parada se me han hecho tan largos, ni una separación tan dolorosa… cuando noté sus brazos deslizarse sobre mis costados, el tacto de sus pechos en mis espalda, que hasta el momento no había notado como tal, apartándose de mí, su calor abandonándome…, tuve que echar mano de toda mi fuerza de voluntad para no agarrarla de las muñecas e intentar retenerla conmigo, aunque sólo fuese por un segundo más… sin ninguna dificultad, pude oír el sonido de sus zapatos alejándose, pude distinguirlo entre todas las decenas de pies que se bajaron en aquélla estación, y me perdí en oírlo hasta que se desvaneció. Cerré los ojos con fuerza al oír el pitido del tren indicando el cierre de puertas y apreté los puños cuando noté que empezaba a moverse, reprimiendo en todo momento el impulso de lanzarme por las puertas gritando su nombre como un desesperado… me había dado un placer inenarrable, pero la tristeza por la separación era demasiado fuerte.

Con un gran pesar, ya bajo la oscuridad del túnel, me volví. Ahora el vagón estaba ciertamente mucho menos ocupado, incluso había algunos asientos libres, de modo que aproveché y me senté. Aún me faltaban seis o siete paradas para llegar a la mía, el trayecto era largo… aproveché también para mirar en los bolsillos de mi gabardina. En el izquierdo, noté un papel. Lo saqué, era un folio con el membrete del banco, muy bien doblado. Lo desplegué y pude leer:

"Hola, Imbécil.
Si estás leyendo esto, es que has sido un buen esclavo y te has portado muy bien. Enhorabuena. Ahora, sigue siendo un buen chico y aguántate la curiosidad durante dos días y tendrás el premio gordo. Dime, ¿te gustaría pasar conmigo un fin de semana, y verme por fin la cara y tocarme…? Si eres bueno, como lo has sido hasta ahora, este viernes me verás la cara. Hasta entonces, te prohíbo terminantemente que te masturbes; te quiero rebosante de ganas y con toda tu pasión y energía para el viernes por la tarde. Igualmente, no quiero que hagas ningún intento de saber quién soy, ¿lo has entendido, Imbécil? No te preocupes por los detalles, me iré poniendo en contacto contigo para dártelos".

Había una posdata, escrita en otra tinta diferente, que parecía haber sido agregada con rapidez, muy probablemente mientras estábamos en el propio vagón:

"P.S. Te pones precioso cuando te corres".

Aquello no era nada especial, me dije sin poder reprimir una sonrisa… no era ningún tipo de talento único el que se me quedase cara de bobito al gozar… pero lo cierto es que me sentí orgulloso, me hacía feliz saber que mi ama me consideraba algo bonito para mirar… no había nada que yo más deseara que hacerla dichosa, servirla, ser su fiel sirviente… su abnegado esclavo… sin poder evitarlo, me llevé la carta a la nariz, y un olor dulce me inundó: Mariposa usaba colonia que olía a violetas… y probablemente, había comido mandarinas. El estómago me giraba y el corazón me golpeaba en el pecho… sin poder dejar de sonreír, crucé las piernas para disimular la incipiente erección que quería tener lugar y me llevé la carta al bolsillo del lado izquierdo del pecho. Sólo entonces me di cuenta que un par de chicas que iban sentadas frente a mí se me habían quedado mirando con una sonrisa de ternura, hablándose entre ellas y señalándome. Me sentí graciosamente avergonzado y se me escapó la risa, y aún creo que me ruboricé. Llegamos a la siguiente parada, las chicas se bajaron, y pude oírlas claramente:

-De verdad, qué tierno, ¡qué terrón de azúcar…!

-Qué suerte tienen algunas…

Quise reír a carcajadas al oír aquello.


viernes, 23 de noviembre de 2012

El catarro del recién casado.


-…Tienes que hacerlo, Irina… snif, snif… debes hacerlo…

¿Mmmh…? ¿Qué cuernos pasa….? Son las tres y cuarto de la mañana… me he despertado porque he oído a alguien cerca de mí, llorando en voz baja… al fin me sitúo: soy Irina, estoy en mi alcoba de matrimonio, Oli duerme a mi lado y tiene pesadillas… llora y dice que tengo que hacer algo…

-Oli, cielo… - en voz baja, le abrazo y le muevo suavemente para que despierte sin asustarse. Mi Oli abre los ojos, parece que en un principio no reconoce dónde está, pero cuando se da cuenta de que lo ha soñado todo, sonríe, y aún llorando me dice:

-Irina… Puzzle quería que me mataras… porque si no, te morías tú… - busca consuelo hundiendo su cabeza entre mis pechos, y le aprieto contra mí.

-Pobrecito mío… Oli, te tengo dicho que no veas pelis de miedo justo antes de acostarte… - pero entonces, la que se asusta soy yo, porque la frente de mi marido quema mi piel – Oli… ¡tienes una fiebre de caballo!

Mi marido duerme a intervalos lo que queda de noche, me levanto veinticinco veces para traerle agua, y a pesar de que pongo dos mantas más en la cama y le abrazo con fuerza, tirita y dice que tiene frío… Oli es de complexión recia, es bajito pero fuerte… y sin embargo, tiritando entre mis brazos parece tan frágil… Ya he llamado a la Universidad para avisar que no va a ir hoy, y también al Instituto para avisar que no voy yo. Mi Oli se siente culpable por no ir a su trabajo y hacerme a mí abandonar el mío, pero no puedo dejarle solito con esta fiebre… El médico viene a verle a casa, y cuando llega parece que se siente un poco mejor. Don Álvaro, el doctor, conoce bien a mi marido, es su médico desde hace muchos años, sabe todo sobre él, y es un hombre campechano que sabe que trabaja con personas antes que con enfermedades. Sabe que estoy preocupada, e intenta tranquilizarme mientras examina a Oli, le ausculta y le pregunta qué síntomas nota, si le duele aquí o allí…

-¿Qué tiene, doctor? Lleva con fiebre toda la noche… - pregunto por fin, y mi voz transmite más ansia de la que quisiera.

-No tiene nada de particular, ocurre siempre… - contesta sonriendo, mientras le pone a mi marido un termómetro en la boca – es lo que yo llamo "el catarro del recién casado"…

Yo ya he entendido qué quiere decir, y no sólo estoy tranquila, sino que se me escapa una risita, pero mi Oli está muy poco picardeado…

-Y….¿quiere decir….?

Don Álvaro le da unos golpecitos en la mano, en tono de falsa regañina:

-Quiero decir, que no se puede dormir con el culito al aire… - Oli baja la mirada, un pelín incómodo al ver por dónde van los tiros, pero me mira y no puede evitar sonreír… Es cierto, en apenas un mes de casados, llevamos una vida sexual bastante alegre, y eso implica dormir sin ropa la mayor parte de las noches, y encima sudados, y está llegando el calor, pero por las noches todavía refresca… en fin, el cóctel típico para un catarro, sólo que Oli lo ha agarrado algo fuerte. D. Álvaro le receta un antibiótico suave y nos da baja para tres días, ante la disconformidad de mi marido, que alega que no puede faltar tantísimo tiempo al trabajo… - Te doy baja a ti también, porque al tenerlo él, lo tienes tú también – me dice, ya de camino a la puerta, y cuando está seguro que Oli no le oye, continúa – y a ver si consigues que se tome esto con un poco de calma… si no llegas a estar tú, éste animalito se iba al trabajo con sus 39 de fiebre, no es la primera vez que lo hace. Que descanse, que le hace falta, y que sude mucho. Dale leche caliente con miel, consomés de huevo, y a sudarla.

Le prometo que le haremos caso, y se marcha… aunque yo misma sé que no va a ser tarea fácil: mi Oli es muy tranquilo de carácter, pero en lo que a su trabajo se refiere, su sentido de la responsabilidad es casi enfermizo y aunque no tenga nada que hacer, detesta estar tirado en la cama sin hacer nada; a la media hora le pica todo y tiene que moverse… Intento convencerle que tiene que descansar y sudar, y si se levanta cogerá frío… Me hace llevarle la jarra de agua a la mesilla y darle té, sólo para estar bebiendo constantemente y así tener una excusa para levantarse a cada rato, aunque sólo sea para ir al baño y volver.

Hago la casa, pero voy a verle a cada poco, para que no se sienta solo. Cada vez que voy espero encontrarle dormido, pero no hay manera. A pesar de la mala noche que ha pasado, a pesar de que le he dejado el cuarto a oscuras y del calorcito que hace en él, no puede dormirse, no deja de pensar que tendría que estar en la biblioteca.

-Estamos casi en Junio, ¿tenía que ponerme enfermo en época de exámenes…? – protesta, impotente – Verás qué gracia les va a hacer cuando empiecen a hacerse líos con las devoluciones, cuando se queden sin sitios en las salas de estudio y nadie se anime a poner el cartel de "si te ausentas media hora, perderás tu sitio y será cedido a otra persona", porque claro, tengo que estar yo para ser el malo… Y verás qué risa cuando nadie quiera llamar a los estudiantes que se quedan el libro más allá de la fecha límite, o que quieren llevarse los libros que están en depósito y no son para préstamo…. Seguro que llega el típico listo para llevarse uno a escondidas, porque no habrá nadie vigilando, y no será porque no lo tengo dicho… Qué caos voy a encontrarme el lunes, qué caos…

-Oli… ¿Quieres dejar de torturarte, por favor? – le digo en serio –Pase lo que pase, NO puedes arreglarlo desde aquí, van a tener que apañárselas sin ti, y francamente, va siendo hora de que delegues un poquito las cosas y no te cargues todo tú. ¡Estás enfermo, y me parece que tienes derecho a ponerte enfermo una vez cada cinco años! ¿O no? ¿O no eres humano acaso?

Oli me mira con tristeza, y confiesa:

-Me aburro como una ostra… Me siento debilucho, tengo frío, no tengo ganas de nada y estoy harto. – se arrebuja hasta la barbilla en el edredón nórdico mirándome con cara de fastidio y me da pena haber sido un poco dura con él. Me descalzo para tumbarme junto a él, sobre el edredón que muestra los planetas del sistema solar sobre un fondo de estrellas fosforescentes, y le abrazo.

-Es normal que estés aburrido, mi vida… pero hay cosas que puedes hacer aún tumbado en la cama… puedes ver películas, o jugar con la Play, o leer…

- Ya lo he probado, todo eso – rezonga – Como no estoy de buen humor, no hay ninguna peli que me apetezca ver; si intento jugar, me matan todo el rato porque tal como estoy, no atino bien a los botones y soy lento; y si intento leer me bailan las letras, no me entero de nada y me da dolor de cabeza. Estoy harto. Odio estar enfermo. – le sobreviene un feroz escalofrío y tirita de pies a cabeza; le aprieto más fuerte y aprovecha para acurrucarse, buscando mi calor – Y encima, esto… - le castañetean los dientes – Es….estoy helado…

Para abrazarle mejor y darle un poco más de calor, abro la cama y me meto yo también en ella… aún a través de los gruesos calcetines de lana que lleva, noto que tiene los pies fríos como el hielo; le froto los brazos con los míos y también los pies, y a Oli se le escapa un suspiro del gustito que le da sentir mi calor, creo que es la primera vez desde el comentario del médico, que sonríe un poco… Lo cierto es que el verle tan necesitado de mí, me está poniendo algo contenta… y creo que él también tiene ganas, pero tiene la costumbre de dejarme a mí la iniciativa prácticamente siempre. Y aunque me gustaría que alguna vez se lanzase él, no es que me importe demasiado… Le beso la frente y la cara, y le apoyo la cabeza contra mis pechos. Oli sonríe más abiertamente, le encanta apoyarse sobre mis pechos blanditos y calientes… Como disimuladamente, sigo frotándole los brazos, y empiezo a bajar, le froto las manos y se las pongo sobre el pecho, y empiezo a acariciarle el vientre, cubierto bajo la chaquetilla del pijama y una camiseta de media manga. Sin quitarle las mantas de encima, ni desabrocharle las ropas, para que no coja frío, meto la mano bajo las prendas para acariciarle la piel, velluda, y algo sudada, pero tan tierna… Mi Oli da un pequeño escalofrío, pero esta vez es por su incipiente excitación.

Parece como si no quisiera darse cuenta de lo que sugieren mis caricias, o estuviera demasiado cansado para tomarlas en cuenta, pero el caso es que se limita a sonreír, sin abrir los ojos, continúa con las manos sobre el pecho, tan ricamente… mi mano empieza a explorar por la cinturilla del pantalón del pijama, sus muslos, el bordecito que le alcanzo de las nalgas… mientras le acaricio, empiezo a besarle la frente, le rodeo la cabeza con mi brazo libre para apretarle una vez más contra mi pecho y acariciarle el pelo, las orejas y el cuello… aunque su verdadero punto flaco está en la nuca, aunque su cuello es más sensible a besos que a caricias, no por eso deja de gustarle y causarle deseo la sensación de mis dedos acariciando muy suavemente su cuello, haciendo casi cosquillas… se le escapa una risita nerviosa y sin abrir los ojos, se medio gira hacia mí. Sus manos, colocadas sobre su pecho, tocan sin querer los míos, y me acaricia como distraídamente con el dorso de los dedos…

-No, no, relájate, cielo… túmbate y pon las manos sobre el pecho… - le digo mientras hago que vuelva a tumbarse boca arriba. Oli se deja hacer, y noto que su sonrisa tiene un punto de picardía, parece deseoso de ver qué voy a hacerle…

Muy despacito, empiezo a acariciar ahora su bajo vientre, peligrosamente cerca de su sexo, que sólo está ligeramente hinchado, como si tuviera pereza de levantarse completamente… de momento, lo evito. Me deslizo un poco hacia abajo en la cama, y meto mi mano entre sus piernas, para acariciar sus muslos… involuntariamente, Oli los separa, para que mi mano quepa mejor y acaricio la parte más alta de los mismos, doy pequeños apretoncitos, subiendo y bajando, a punto de tocar sus testículos o su sexo, pero siempre paro antes de llegar allí… a mi marido se le escapa algún pequeño gemido. De nuevo vuelvo a acariciar su bajo vientre… estirando los dedos, puedo ver que ahora su pene está mucho más animado, no tanto como sería de desear, pero desde luego, mucho más que antes. Sin ningún disimulo ya, meto la mano bajo la cinturilla del pantalón y la ropa interior, y acaricio la piel de su bajo vientre. A Oli se le escapa un gemido y entreabre los ojos.

-Irina… ¿qué me estás haciendo…? – pregunta retóricamente, con una deliciosa sonrisita de gusto en los labios.

-Ssssh…. Tú, relájate – contesto en voz baja mientras me abro la blusa y me saco las tetas del sostén para que pueda verlas y apoyarse directamente sobre mi piel, lo que hace inmediatamente. – Después de esto, seguro que te duermes como un bendito.

-Haah… qué fresca tienes la piel…. – susurra al apoyarse sobre mis tetas. Es normal que note el contraste, él tiene la cara ardiendo… Muy despacito, voy bajando hasta su pene, que agarro con toda la mano y empiezo a acariciar arriba y abajo, suavemente. Oli empieza a suspirar de placer, mientras una de sus manos no puede evitar estar tan cerca de mis tetas y no tocarlas, así que la acaricia con toda la mano, lleva sus dedos al pezón, durito y con ganas de jugar, y empieza a moverlo entre ellos… lo aprieta, tira un poquito de él, lo mueve en círculos… está justo a la altura de su boca así que de pronto un calambrazo de placer me indica que Oli lo ha metido entre sus labios, y está succionando de él.

Mi mano no deja de subir y bajar sobre su polla, me detengo en el sensible glande, que está húmedo de líquido preseminal, y aprovecho esa lubricación para juguetear con mis dedos, acariciar la punta, el agujero… sólo con tres dedos acaricio la cabeza, y mi Oli parece derretirse de gusto… me detengo y me dirijo a sus testículos… paso mis dedos por encima, sólo moviendo los vellos… luego hago cosquillas en las bolitas, él da un saltito por el placer que siente… finalmente, los acaricio y los toco con toda la mano, los masajeo… Oli apenas puede seguir chupando mi pezón porque necesita la boca para gemir… de nuevo subo a su miembro, lo aprieto con mi mano, subo y bajo, mi marido ya no puede parar quieto: sus caderas suben y bajan al ritmo de mis caricias, sus piernas se deslizan sobre la cama, me mira como rogándome que le deje penetrarme, pero niego con la cabeza. Si lo hacemos así, acabará destapándose, y él tiene que seguir abrigadito.

-Irina…. Oooh… así me… me siento tan indefenso… m-me gusta… - lo cierto es que está indefenso, con su catarrazo que casi no le deja moverse… le rodeo las piernas con la mía, ese simple peso se las inmoviliza, y se siente aún más vulnerable, y más excitado por esa razón… también su debilidad le impide controlarse, no va a durar mucho más.

Le acaricio de nuevo el glande, juego con él, rozándolo sólo con la palma de la mano, tocándolo apenas con los dedos… Oli suda y parece suplicar piedad; no quiero cansarle demasiado, así que agarro el sensible glande y empiezo a masturbarlo con rapidez; a mi marido parece que se le escapa el alma en sus gemidos, me parte el corazón cuando da esos gemiditos de placer inmenso y de derrota… noto que se va poniendo tenso… sin perder un momento, me meto bajo las mantas, y a oscuras, bajo un poco el pantalón de mi marido, y me meto su pene en la boca, succionando y lamiendo con fuerza. Aún por debajo de la ropa de cama, oigo sus jadeos felices sin esforzarme, ¡qué lindo debe estar…! Mi cabeza sube y baja a toda velocidad, y por fin, un estremecimiento sacude el cuerpo de mi Oli, y su descarga inunda mi boca. Trago rápidamente, esperando el segundo disparo, pero éste no se produce… pobrecito, está tan debilucho que apenas ha producido esperma.

Cuidadosamente, entre besitos suaves y caricias, tapo de nuevo su pistolita juguetona, le arremeto bien la ropa bajo el pantalón, y salgo, tomando aire ruidosamente, porque estaba ya medio ahogada ahí abajo. Como era de esperar, Oli duerme como un tronco… un poco de sexo es mano de santo para conciliar el sueño más rebelde. Le meto los brazos bajo las mantas, le tapo bien y le beso la cara. El pobre está tan dormido que no lo nota siquiera.

Al día siguiente, Oli ya está mejor. No está restablecido, desde luego, aún sigue flojo, le duele la garganta tanto que casi no puede hablar y gasta aproximadamente un paquete de kleenex cada media hora, pero la fiebre le ha bajado y está mejor de ánimo. En cambio, la que tiene fiebre soy yo… normal, si tenemos en cuenta que me tragué todos sus virus en fila india. Mi marido me sonríe y me abraza, dejando que recueste mi cabeza contra su pecho.

-Hoy, me toca a mí cuidarte… tan bien como tú lo hiciste conmigo ayer. – me dice bajito, mientras su mano empieza a acariciar mi bajo vientre…

jueves, 22 de noviembre de 2012

aquí te pillo, aquí te mato (segunda parte)


     La verdad que no se lo había tomado tan mal como yo pensaba… No se lo había tomado, a decir verdad; había recibido la noticia de mi deseo de romper con la misma indiferencia que llevaba recibiendo todas las noticias. Yo sabía que lo nuestro estaba muerto hacía tiempo, por más que  quisiera engañarme a mí misma y salvarlo… Lleva una par de años con Alfonso, pero en ese tiempo, apenas había habido algunas semanas buenas al principio, desde entonces, todo había ido hacia la más absoluta frialdad... y cuando me di cuenta que yo había sido capaz de follar con un absoluto desconocido, que aún no sabía quién era, y engañarme a mí misma para pensar que se trataba de él, aquello sólo intensificó más la sensación de que nuestra relación se había terminado tiempo atrás. Mi ahora exnovio había parecido incluso aliviado cuando le dije "hasta aquí hemos llegado". Y a mí, no me molestó. Era indudable que los dos nos habíamos equivocado, y aunque en cierto modo, me molestaba haber perdido tanto el tiempo con él (me confesó que hacía casi un año que quería decírmelo pero no se atrevía… bah, siempre he detestado a los hombres con pocos huevos, y el amor no me cegaba ya: Alfonso tenía menos huevos que un castrato), me alegraba haber terminado por fin.

     Ahora, mi deber era encontrar cuanto antes al Hombre… aquél que me había asaltado en el cuartito ropero y me había dado el mejor sexo que había tenido en mucho tiempo… No contaba con muchas pistas: llevaba reloj metálico de pulsera. Y por lo que podía recordar, olía bien… sus manos eran grandes… En realidad, eso era todo. Me había poseído desde atrás y completamente a oscuras, y entre eso y mi excitación, lo único que de hecho recordaba con claridad, era lo fenomenal que lo había pasado… ese hombre tenía que ser mío, fuese quien fuese, tenía que ser para mí…

El lunes siguiente a los acontecimientos, no dejaba de mirar a mis compañeros, los otros profesores. Tenía que ser uno de ellos, era muy poco probable que fuese el conserje, aunque cabía la posibilidad… Estaba Nazario, el de Lengua y Literatura… pero se le veía un tipo demasiado mayor y serio para hacer algo así. Y era muy alto. Recordaba muy bien haber tenido la boca de mi desconocido amante pegada a mi oreja y no estaba agachado, porque su pecho estaba pegado a mi espalda, así que no podía ser tan alto como Nazario… Estaba Amadeo, el de Francés, pero sus manitas de niña no concordaban con las que yo recordaba… Estaban Luis, Cristóbal, Antonio, Amador, David… En realidad, esos eran los más probables por su estatura y sus manos. Amador era el más guapo de todos, con mucho. Luis era rubio, aunque con las orejas algo grandes… entre los alumnos, solían llamarle Luis Soplillos… Cristóbal tenía una nariz enorme, aguileña, y solían decirle que tenía suerte de no dar Literatura, porque habría mucho cachondeo con el "érase un hombre a una nariz pegado….". David tampoco iba falto de narices, y además tenía una barbilla algo saliente. Y todos eran casados… Mi ensimismamiento se vio interrumpido momentáneamente por la voz de uno de ellos, Amador:

-Oye, Nazario, esta obra…. Es un poco…. Mmmh… picantona, ¿no….? – Nazario es el profesor jefe del seminario de Lengua y Literatura, y todos los años elige una obra de teatro, poco antes de Navidades, para representar entre los profesores a fin de curso, y a fin de curso se elige otra para representarla en el comienzo de clases, naturalmente de forma voluntaria… yo había tenido ganas de actuar todas las veces, pero a mi ex no le gustaba aquello de que yo me subiese a un escenario, y por eso no lo había hecho… éste año no pensaba cortarme, a pesar (o a causa) de que la obra en cuestión fuese "Te quiero – yo tampoco", una comedia de enredos e infidelidades, y efectivamente, un poco picantona… Pero Nazario no acababa de compartir esa opinión.

-¿Picantona….? – dijo el profesor.

-Hombre, me dirás…. – contestó Amador, tendiéndole el libreto por la página que estaba mirando, y leyendo en voz alta – "escena segunda: Pilar y el Fontanero están abrazados, de pie, apoyados en la pared, moviéndose rítmicamente y jadeando (sin exagerar. Llevan ropa, pero será imprescindible que Pilar lleve falda y el Fontanero la cremallera del mono bajada).

Fontanero: ¡Oooh, esta cañería ahora va a ir como la seda, señora…!

Pilar: ¡Aaah, sí, hacía mucho que no me la desatascaba nadie….!"

El resto de profesores que estábamos allí nos reímos sin poder contenernos, mientras Amador seguía mirando a Nazario. Éste le arrebató el libreto.

-Es que os quedáis sólo en lo superficial, con vosotros no se puede hacer teatro… El año pasado, con Hamlet, que si era aburrido, que si era muy largo… éste año, os traigo una obra divertida, y que si es picante, que si es frívola…. Pues si no sabéis ver la soledad de Pilar y la inquietud de su vecino, y la estupidez costumbrista del marido de ella, me da igual, quiero a todo el personal docente ensayando los papeles, si no queréis que los reparta al azar, ¡y ya sabéis que no se me puede poner a prueba sobre eso!

David estaba visiblemente incómodo y más aún cuando Cristóbal fue incapaz de contener la risa, que dio paso a la carcajada general, secundada finalmente por el propio David… era un tema espinoso y solíamos evitarlo, pero años atrás, Nazario, harto del exceso de vergüenza y la poca colaboración de los compañeros, se decidió a tratarnos como si fuéramos sus alumnos, y repartió los papeles rifándolos para la obra de Otelo…. A David, le tocó hacer de Desdémona. Por la estatura, daba más o menos el pego, pero todo el instituto tuvo chufla para todo el año con la gruesa peluca de rizos rubios que tuvo que ponerse, y la espesa capa de maquillaje para ocultar la sombra de la barba. El pobre lo pasó bastante mal el resto del curso, teniendo que soportar bromitas de profesores y alumnos… Nazario, director del grupo de teatro también de los alumnos, hizo que todos los chicos tuvieran que hacer pruebas de actuación con papeles femeninos, con vestuario y maquillaje, delante de todos sus compañeros… luego les dijo que era preciso ser muy valiente y muy comprometido con el arte para saber soportar la presión, y que todo aquél que hubiera pasado vergüenza, que pensase cómo se sentiría el profesor de Químicas, que a fin de cuentas, lo del teatro ni le iba ni le venía, lo hacía sólo por arrimar el hombro en el instituto, porque con las obras se recaudaba dinero, que siempre hacía mucha falta… así que si ese año habíamos tenido estufas nuevas, había sido gracias a David por su papel de Desdémona (que todo hay que decirlo, estuvo muy logrado), y que todo aquél que le pagase aquélla comodidad con una sola bromita más, iba a saber en sus propias carnes lo que se sentía, además de quedarse con un punto menos. El ridículo se terminó por completo, y el curso que tutorizaba David hizo colecta a fin de año para comprarle un regalo.

Dejando eso aparte, yo seguía en mi afán de descubrir a mi amante, pero aparte de los detalles antes mencionados, ni sabía por dónde empezar… Registré el cuartito, a la espera de descubrir algo, quizá se había dejado algo allí… un simple cigarrillo, un llavero,… algo. Pero en el desorden que imperaba en aquél sitio, era imposible saber qué estaba allí desde el viernes pasado, y qué llevaba allí seis años…

-¿Buscas algo….? – Preguntó Cristóbal al verme de rodillas en el suelo. Pegué un respingo y me volví.

-Eeeh… sí. El… el otro viernes, me dejé aquí el bolso, y cuando volví a buscarlo… debía… debía llevarlo abierto, porque se me cayó… una tontería que llevaba.

-¿Qué tontería….? – dijo Amador, que entraba a coger su bata blanca. Él y Cristóbal las usan para dar clase, dicen que así no se manchan la ropa con el polvo de las tizas.

-Oh, nada, una… tontería, sin más… - no se me ocurría nada… si decía que era un llavero, allí podían encontrarse como cuatrocientos sólo dando una barrida, y cabría decir lo mismo de cualquier cosa pequeña y susceptible de caerse de un bolso. Cristóbal me sonrió y se encogió de hombros mientras se marchaba, pero Amador me miró con una sonrisa pícara.

-Yo sé lo que es – susurró.

-¿¡Qué?! – El estómago me pegó un brinco, ¿sería él? ¿Estaría dispuesto a decírmelo allí mismo, sin tener que buscarle más….? Amador tomó su bata y se agachó junto a mí, metió la mano en el bolsillo, y mirando que no se acercase nadie, me pasó una cajita en color rosa y negro.

-He llegado el primero, y al entrar, lo he visto… si te soy sincero, pensaba quedármelo, por probar, pero sabiendo que es tuyo…

Miré la cajita. Se trataba de un anillo vibrador, de esos que se ponen en el pene y tienen un bultito arriba que vibra, para que al penetrar, se mueva sobre el clítoris. Visto la descripción torpe y casi nula que había hecho de lo perdido, no era de extrañar que Amador hubiera pensado que me refería a algo semejante, y yo no pude evitar sonrojarme, qué corte… me dio la risa tonta mientras pensaba cómo cuernos habría llegado a allí algo así….

-Gracias… -murmuré, sonriendo. Amador me devolvió la sonrisa y nos marchamos. Desde luego, aún podía ser él, bien podía ser una indirecta… Estaba pensando en volver al cuartito aquélla misma tarde, a ver si había suerte y él también volvía, cuando al coger mi carpeta y abrirla para revisar los horarios, encontré dentro una nota:

"¿Quieres volver a divertirte? Si quieres, sigue al conejo blanco, esta tarde a las 17 00, a partir de 3º V. Si no vienes, no volveré a molestarte".

¿Molestarme…..? ¡Pero si era lo que más deseaba en el mundo! ¡Ojalá pudiera adelantar el tiempo hasta las cinco de la tarde para ir enseguida…! Lo que me desconcertaba un poco era eso de "seguir al conejo blanco", ¿qué querría decir….?

Afortunadamente, tenía pocas clases siendo lunes (soy profesora de Historia de la Música y artes plásticas, y por eso de la curva del cansancio, la mayor parte de mis clases comenzaban a partir del miércoles), de modo que podía pensar libremente qué había querido decir con aquello… ¿sería uno de los profesores de literatura, con aquélla referencia a Alicia? Podía ser, pero seguía a oscuras de ningún conejo… por un momento, pensé en una referencia un poco grosera a una persona de sexo femenino, la mujer de la limpieza, a quien le faltaba poco para jubilarse y tenía el cabello cano, y recorría las aulas… pero a ella no podía seguirla a partir de las cinco, porque se marchaba a las tres y la del turno de tarde llegaba a las siete. Mientras corregía exámenes forzándome por mantener la atención (al menos, en los casos que la merecían… el que acababa de dejar, coronado con un cero como una plaza de toros, contestaba con faltas de ortografía que daban ganas de arrancarse los ojos, que el autor del Tocata y Fuga, había sido "yohan sevastian baxtropiero"…. Sin comentarios), alguien llamó a la puerta de mi aula, y pedí que pasaran. Se trataba de un par de alumnas, que llevaban una hucha.

-Hola, profe… - dijeron - ¿quiere hacer un donativo….?

-Pasad, niñas, ¿un donativo para qué?

-Pues verá, en estas fiestas, se compran muchos animalitos como regalo, que después, cuando la gente se cansa de ellos, son abandonados…. Queremos hacer campaña para dar mejores condiciones a los animales que viven en perreras, y para que los seres vivos no sean vendidos como juguetes, sino que sean adoptados los que han sido abandonados, y por personas que se hagan responsables de ellos. Damos un bombón… - añadió finalmente, con el tono de alguien que está acostumbrado a que con el argumento solo, no suele obtener gran cosa, pero con la golosina… sonreí y eché mano al monedero para sacar un euro. Cuando vi la hucha, ahogué un grito y me quedé literalmente paralizada… la hucha, era un conejito blanco.

-¿Qué le pasa, profe….? – dijo la otra chica. – Parece que haya visto un fantasma…

-Pues casi acertaste…. – confesé y eché el euro en la hucha. - ¿Porqué las huchas tienen esta forma?

-Porque la idea de la colecta la está patrocinando la compañía de bombones de los Conejitos de Pascua… así ellos se hacen publicidad, y venden bombones, y nosotros recaudamos fondos… tenga su bombón, por cierto.

- Es una idea encantadora, niñas… ¡me alegra que tengáis estas iniciativas! – sonreí de oreja a oreja, y ellas se marcharon muy satisfechas, mientras desenvolvía mi bombón, también con forma de conejito, y dejé que el delicioso chocolate relleno de praliné se fundiera en mi boca… tenía sabor a seducción, me dije mientras recordaba que, junto a la decoración navideña, esas huchas-conejito estaban puestas en la práctica totalidad de las aulas, para que quien quisiera (alumnos, profesores, personal…) diese su donativo.... ahora, sólo faltaba que llegasen las cinco…

Técnicamente, mi horario se terminaba a las tres, pero aquél día decidí quedarme en la sala de profesores, para seguir corrigiendo exámenes y hacer guardia… no era nada raro, muchos profesores nos quedamos allí porque nos distraemos menos que en casa, donde quieras que no, acabas aburriéndote y poniéndote a ordenar alfabéticamente los discos de vinilo (se creen los alumnos que ellos son los únicos que se ponen a ordenar cosas en época de exámenes…..), pero yo lo hacía por otro motivo… no hacía más que mirar y mirar el reloj, me había subido un sándwich, pero apenas lo había catado, porque los nervios me gritaban en el estómago y sabía que no iba a poder retenerlo… los minutos pasaban tediosamente lentos, y mi atención se dispersaba… me levantaba, paseaba por la sala, me volvía a sentar, leía un par de líneas… Cuando Nazario y algunos profesores llegaron a recoger sus cosas, su charla me entretuvo un ratito:

-Si yo no digo que no, Nazario, si la obra es buena y tiene puntos muy interesantes, mira cuando Pilar tiene un monólogo de casi diez minutos hablando de cómo su marido la tiene olvidada y que se siente un patito feo entre todas las mujeres que trabajan con él… ese monólogo se corta con cuchillo… ¡pero es que eso del fontanero, que luego es el vecino, y cada vez que sale, traca que traca….! Y el marido lo mismo, que si con ésta, que si con la otra, que si con Pilar… qué quieres, mi señora estará entre el público, y todos sabemos que es teatro, pero no le va a hacer gracia… - Decía David.

-Dios bendito… ¡unas escenas que no duran ni cinco segundos, y me van a hacer culpable de una posible ruptura matrimonial! Menos mal que no se me ha ocurrido traer El retablillo de Don Cristóbal, porque con el verso aquél de "Tiene dos tetitas como dos naranjitas, y un culito como un quesito", me habríais pedido recitarlo diciendo pitidos de censura…

-Bueno, eso de que duren "cinco segundos", vamos a dejarlo…. Y aunque sean cinco segundos, son cinco aquí, cinco allí… Nazario, que es muy fuerte, entiéndelo… Yo actúo si quieres, sabes que no me rajo… pero me das el papel del vendedor a domicilio, que sale poco y no tiene ninguna escena fuerte… al menos, no sale, lo dejan caer, pero no sale…

-Estoy viendo que al final, me tocará hacer el papel a mí, que soy el director…

-A mí no me molestaría hacer de Pilar…. – dije tímidamente.

-¡Hombre, por fin alguien un poco decidido…! – suspiró Nazario. – Estúdiate el papel, mañana por la tarde hago las pruebas… por favor, hazlo medio bien aunque sólo sea, porque no tengo ninguna otra Pilar.

Sonreí y asentí. Se marcharon, aún discutiendo aspectos de la obra, y miré el reloj… ya no quedaba mucho… miré de nuevo la nota "a partir de las 17 00", decía… no tenía que llegar a ningún sitio a esa hora, sino que tenía que salir a esa hora, así que no había ilusión de salir antes… de todos modos, a las cinco menos diez, recogí todo y me dirigí hacia el aula de 3º V. A esa hora, allí daban clases de recuperación y educación nocturna para mayores de dieciocho. Al fin sonó la campana de las cinco y un bullicio de jóvenes y no tan jóvenes salieron de las aulas. Unos, para irse a sus casas, otros para echar un cigarrito o charlar un poco hasta que llegase el siguiente profesor… Junto a la puerta del aula, había una hucha conejito. Eché a andar y fui mirando las puertas, para ver en cuáles había huchas. En la siguiente, había, en la otra también… en la siguiente, no. Miré al otro lado del pasillo… allí, sí, de modo que seguí por ese lado.

Siguiendo las aulas que tenían conejito-huchas en la puerta, doblé a la izquierda, y por un momento, me encontré desorientada, ya que allí sólo había escaleras, y no supe si subirlas o seguir pasillo adelante… pero arriba de las escaleras, había otra hucha. Subí como un rayo. Era la tercera planta, y hacía frío allí, porque en aquella ala estaban los laboratorios y el cuarto de utilería, lleno de colchonetas supletorias (menuda la que había que montar para bajarlas cuando hacían falta para lo que fuera….), balones medicinales, mapas…. Entre que se usaba poco y que muchas cosas de los laboratorios no podían someterse al calor, las estufas brillaban por su ausencia en ese piso desierto… pero seguí adelante. Estaba un poco oscuro, porque era Diciembre y anochecía muy temprano, y tampoco estaba dada la luz eléctrica, sólo entraba la de la calle, que como he dicho, era ya bastante escasa.

Con la piel de gallina por el frío y los nervios, recorrí el pasillo de los laboratorios. Todas las puertas estaban cerradas, probé un par experimentalmente, pero tenían la llave echada. Seguí adelante, hasta ver una puerta entreabierta… casi corrí hacia ella. Empujé suavemente y entré. Al lado de la puerta, había otro conejito-hucha, y pegado al interior de la puerta, una nota amarilla: "Cierra con llave". La llave estaba puesta, así que obedecí… con un poco de aprensión, todo hay que decirlo… iba a encontrarme con alguien a quien conocía… pero no sabía quién era, y eso me ponía un poco nerviosa… pero también cachonda. El laboratorio estaba desierto, pero había una puerta al fondo, pasadas las mesas, me dirigí hacia allí, con el estómago girándome y una sonrisa tonta en el rostro. La decoración navideña, creada por los alumnos, inundaba toda el aula, el techo estaba lleno de cadenetas, y había espumillón en las ventanas, dibujos hechos con plantillas y nieve artificial… mis pasos hacían eco en el aula vacía mientras me acercaba a la puerta del fondo… Si él estaba allí, y era más que probable que lo estuviera, debía estar, como poco, tan nervioso como yo… Me detuve a un paso de la puerta e intenté estúpidamente atisbar por el vano… sólo se veía negrura. Al fin me decidí, y entré.

La poca luz que entraba del laboratorio daba una ligera penumbra a una parte de la habitación, pero no era suficiente para lograr saber quién estaba allí… oía una respiración, y reconocí el tono al instante, ¡era él! Medio vi un montón de colchonetas, y unos pies de alguien tumbado en ellas… aún estaba vestido. No sabía qué hacer o decir… Un ruidito de palmada, me hizo saber que me estaba señalando un lugar en las colchonetas junto a él… podía notar su impaciencia… su miedo a que en el último momento me rajara y me fuera… y lo cierto es que una parte de mí quería huir… pero en lugar de eso, solté el bolso y la chaqueta, cerré la puerta por completo, y me lancé sobre las colchonetas, buscando su cuerpo… entre risitas, noté sus manos y me abracé a él, sin poder dejar de reír… me quité los zapatos empujándolos con los pies, mientras buscaba su boca… su lengua invadió la mía, como había hecho el viernes anterior… su sabor a menta me hizo retener un gemido, mientras podía sentir sus manos deslizarse por mi ropa, tanteando… llegaron a mis nalgas y las magrearon con fuerza… le abracé con un pierna y empujé su cara hacia mi pecho, aún cubierto con la blusa… mientras él se afanaba en los botones, le abracé por el pecho, y noté algo… llevaba algo sobre la camisa… y entonces caí: era una bata blanca.

Aquello limitaba las posibilidades, no había muchos profesores que la llevasen… pero en aquél momento, mi amante bajó mi blusa hasta mis antebrazos, retiró la tela del sostén y pescó mi pezón entre sus labios… y ya no fui capaz de pensar más. Gemí ahogadamente, intentando no gritar, mientras mis manos se hundían en sus nalgas y él dejó escapar un gemido de gusto… Tanteó en busca de la cremallera de mi falda, y al no encontrarla estuvo a punto de arremangármela sin más, pero sin dejar de besarle, yo misma solté el cierre y me la quité. Quiso atacar de inmediato, pero le agarré la mano y la llevé hasta mis labios… en su muñeca estaba el reloj de pulsera metálica que yo recordaba, la única seña que había tenido de él… con un tierno gemido, lamí la piel del antebrazo muy suavemente, haciendo cosquillas en la piel, entre el abundante vello… subí con la lengua por la palma, y finalmente llegué a sus dedos, que metí en mi boca, lamiéndolos voluptuosamente… por un lado, sentía no poder ver la cara de mi amante, cuyo suspiro de gozo, en el que se adivinaba una sonrisa, delataba de todas todas lo bien que lo estaba pasando y la expresión de dulce bienestar que habría en él… pero por otro, me alegraba de que no hubiera luz, de disfrutar del misterio de no conocernos, y de nuestros sentidos agudizados por no disponer de la vista.

Conservando aún sus dedos en mi boca, le abrí la camisa y bajé hasta soltarle el cinturón y desabrochar el pantalón, que hacía un bulto considerable… acaricié a través de la suave tela de los calzoncillos, y soltó un gemido casi ronco de gusto cuando mi mano abrazó su pene y frotó hasta sus testículos… bajé la tela, y solté de mi boca sus dedos. Le llevé la mano a mi intimidad, metiéndola dentro de mis bragas húmedas, al tiempo que yo empezaba a acariciarle el miembro, ardiente… qué tacto… mmmmh… me encantaba, cómo quemaba… Sus dedos comenzaron a moverse suavemente sobre mi clítoris hinchado, y respingué de placer, reprimiendo un gritito y soltando la risa, en parte un poco por timidez, en parte por el gozo… se giró hacia mí y me apretó contra él, mientras nos masturbábamos mutuamente, en un delicioso juego… acerqué su miembro erecto y húmedo a mi piel, sin dejar de acariciarlo suave y lentamente, en largas pasadas… el líquido preseminal mojaba mi piel, mis pezones rozaban el vello de su pecho… no pude aguantar más… le solté un momento para dar un tirón de mis bragas, y cogiéndole de los hombros, le tiré sobre mí. Mi compañero dejó escapar un gemido de agradable sorpresa y se introdujo hasta el fondo de mi cuerpo… me mordí los labios para no gritar y mi piel se empapó en sudor… mi amante exhaló todo el aire del pecho y lo sentí estremecerse sobre mí…

Nos quedamos quietos unos segundos, el uno dentro del otro… lo abracé por debajo de la camisa, rozando su piel velluda, haciéndole cosquillas en la espalda… mis piernas se cruzaron en torno a él, acariciándole las corvas, los muslos… aún cubiertos por el pantalón a medio bajar, pero aún así, él suspiró entre sonidos de sonrisa. Noté que se agachó ligeramente hasta quedar muy pegado a mí… la punta de una nariz rozó la mía, y su aliento excitado bañó cálidamente mi rostro… mis labios entreabiertos correspondieron, y el aliento de mis jadeos acompañó a los suyos, calentándonos la cara… Dios mío, no sabía a quién tenía encima de mí, pero estaba perdidamente enamorada de él, eso sí lo sabía… quise llorar de felicidad, pero en su lugar subí una de mis manos para acariciar su rostro… se dejó hacer, mientras empezaba muy lentamente a moverse dentro de mí.

Sus mejillas eran ásperas… estaba afeitado, pero después de todo el día, le pinchaba la incipiente barba nueva… el cabello le empezaba tarde, le estaba empezando a escasear, tenía entradas… su nariz era curvada, aguileña, y bastante grande… y sus orejas eran deliciosamente pequeñitas, adorables… Hubiera querido comerle entero, me aupé como pude y lamí sus labios ligeramente, apenas acariciándole… sacó la lengua y las acariciamos, dándonos golpecitos, jugueteando con ellas, aleteando como pececitos… hasta que la pasión le venció y dejó caer su boca sobre la mía, invadiéndola con su lengua, frotándose como si lo necesitase para respirar, mientras sus caderas empezaron a aumentar de velocidad.

Mis piernas, enlazadas en torno a él, temblaban de placer, y mi cuerpo también empezó a moverse, al ritmo del suyo, disfrutando de las hondas penetraciones que me empalaban y nos arrancaban gemidos ahogados del pecho a cada vez… el frío se me había pasado por completo, el calor ahora dominaba mi cuerpo, mi piel quemaba, y sólo deseaba poder gritar mi placer, gritar hasta quedarme sin aire… El placer aumentaba, pronto no podría soportarlo… mis piernas se separaron solas y mis pies empezaron a elevarse sin que yo fuera muy consciente, mientras las oleadas cálidas, la dulce electricidad que me envolvía, se hacían más fuertes segundo a segundo… mis manos se crisparon en sus hombros y apreté mi boca contra su cuello para ahogar los gemidos que se me escapaban, cuando no pude aguantar más aquélla maravilla y exploté de placer…

Mi cuerpo se convulsionó, mis piernas temblaron, comunicando el temblor a todo mi cuerpo, tirité y noté que mi amante se ahogaba en gemidos, apretándome más aún contra él… entre mis propias convulsiones, noté las suyas, y su semen saliendo disparado hacia mi vientre, inundándome… sus jadeos acompañaron los míos. Sus brazos perdieron la fuerza de la convulsión orgiástica y pareció agotado, gimiendo de gusto y satisfacción… lo abracé tiernamente, recostándole sobre mí… una gran sonrisa se había abierto en mi rostro, aunque yo ni siquiera recordaba cuándo… mi sexo aún palpitaba, y él seguía erecto dentro de mí…

Tuve miedo de que simplemente se marchara como hizo la otra vez, pero tan sólo se giró para colocarnos en una posición algo más cómoda, dado que yo seguía debajo de él, y pesaba, aunque fuera tan agradable… de costado, uno frente al otro, no nos veíamos la cara… pero los dos sabíamos que el otro sonreía. Le acaricié los costados por debajo de la camisa, mientras él hacía lo propio. Estábamos tan juntos, que nuestras narices se rozaban por la punta… mi corazón latía con fuerza, mentiría si no admitiera que quería un reenganche… pero antes, necesitaba saber quién era aquél fantasma que me había cambiado la vida…

-¿Quién eres….? – pregunté. – Por favor, dime quién eres…

-¿No lo sabes aún….? – dijo él, en voz tan bajita, que no pude reconocerla por mucho que me esforcé.

-Tengo sospechas… creo que lo sé, pero… dímelo, por favor… Sabes que no voy a irme, seas quien seas…

Me besó la nariz y se apartó un momento de mí, para buscar algo en el suelo. Se oyó un "clic" de interruptor.

-Bu. – dijo. Se iluminaba la cara desde abajo, con una linterna. Le miré. Conocía bien aquélla cara, sobre todo esa enorme nariz, por la que había agradecido tantas veces haberse hecho profesor de Química y Matemáticas y no de Literatura, para que nadie pudiera hacerle chistecitos con Quevedo y su "érase un hombre a una nariz pegado…". Sonreí, y besé aquélla enorme y adorada nariz…


******


Días más tarde, Oli, el bibliotecario de la universidad que lindaba con el instituto, entró en éste para llevar unos libros que Nazario le había pedido, y de paso, saludar a su esposa, que trabajaba allí. Caminaba leyendo un papelote de nuevos presupuestos, y abrió sin llamar la puerta de la sala de profesores, donde esperaba encontrar a Irina, su mujer, pero al abrir la puerta, pegó un bote del susto y ahogó un grito. Junto a la pared, estaban Viola y Cristóbal, de pie, ella lo abrazaba con una pierna, y él la embestía con movimientos rítmicos, poco sensibles a error.

-Estamos ensayaaando… - dijeron ambos a un tiempo, con tono cansino, levantando los libretos de la obra de Nazario, como si no fuese la primera vez que se enfrentaban a aquélla situación. Oli soltó una risa de apuro.

-Qué tonto soy, qué susto me he llevado – reconoció entre risas sofocadas - ¿No habéis visto a Irina…?

-Creo que está en la cafetería – dijo Cristóbal, sin separarse de Viola.

-Vale, voy a buscarla… perdonad – sonrió de nuevo y se marchó, aún algo apurado, negando con la cabeza… ¿cómo había podido pensar que dos maestros, se iban a poner a…. en mitad de la sala de profesores….? ¡Y menos Cristóbal, que además estaba casado, y era un tipo serio…!

-¡Jod….creí que no se iba nunca, se queda un segundo más, y no hubiera podido sujetarme…! – gimió ahogadamente Cristóbal, mientras empezaba de nuevo a moverse.

-¡Sí, dale, que ya se ha ido…. Mmmmh, más, más, sigue! – susurró Viola, profundamente feliz… nunca hubiera pensado que olvidarse el bolso en el cuartito, le iba a proporcionar un amante tan extraordinario, tan travieso…