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martes, 29 de enero de 2013

Corazón positrónico, II



          El día designado para la prueba había llegado, los robots Sam y Femme iban finalmente a tener sexo, y  el Doctor Connor estaba repasando la sensibilidad de ambos. Primero la de Femme, que esperaba ahora en sus habitaciones, y después la de Sam, que se centraba en las descripciones para no pensar en lo nervioso que estaba, y no era el único. En su cuarto, sola, Femme notaba como si sus cables se retorcieran, y el frugal desayuno que había tomado parecía estar en cualquier sitio menos procesándose correctamente para sacar de él las energías precisas. En su curiosidad, y también en su deseo de la buena marcha del proyecto, había leído novelas de amor y clásicos de lo sentimental, y hasta de lo erótico, pero eso le había servido de muy poco… “los humanos, en el fondo, SABEN qué tienen  que hacer”. Se decía. “Tienen su instinto, que les ha guiado durante milenios… incluso la más pequeña criatura viva sabe hacer el amor, pero yo no sé… sólo sé que debo abrir las piernas, pero no sé cuándo, ni cuánto, ni durante cuánto tiempo… supuestamente, sentiremos algo llamado orgasmo, que será un fuerte refuerzo positivo, pero, ¿cómo de fuerte? ¿Cómo sabré reconocerlo? Él lo tiene más fácil, cuando libere su gel testicular, habrá terminado, pero, ¿yo cómo me daré cuenta?”
     El Doctor había intentado decirle cómo era, pero él mismo reconocía que no se podía expresar con palabras. “Es algo similar a rascarse cuando algo te pica… beber un gran vaso de agua cuando tienes mucha sed…”, le había dicho. Connor la había construido sin himen y con una vagina estrecha, pero muy flexible, para evitar el sangrado de la primera vez y que la posibilidad del dolor fuese mínima, pero la posibilidad estaba ahí, y eso la ponía nerviosa a ella, pero a Sam directamente lo aterraba.
   El androide también había recurrido a la literatura erótica e incluso al cine para intentar encontrar respuestas… sin más resultado que el de preguntarle al Doctor si su aparato genital era realmente apto para el sexo, porque después de ver algunas películas, había concluido que era excesivamente pequeño.
     -No te preocupes por eso, Sam, te garantizo que es una tontería – había contestado Connor sonriendo – Tu miembro es perfectamente normal, es un tamaño mediano estándar.
     Finalmente, llegó la hora, y Sam se levantó de la silla de pruebas en la que estaba sentado. El Doctor podía ver en los monitores que controlaban sus ritmos lo acelerado que estaba, por más que quisiera aparentar normalidad “Sólo es una prueba, nada más” le había dicho Sam cuando Connor le preguntó si estaba nervioso “he sido creado para esto, el prototipo FX y yo nos hemos preparado a conciencia para éste momento, no tengo ningún miedo”. Siempre la llamaba Femme… sólo la llamaba “prototipo FX” cuando no quería dar a entender la simpatía que le inspiraba, o cuando el Comandante estaba presente, como era el caso.
      -Bueno, Sam… - sonrió el Doctor agarrando los hombros del autómata – Ha llegado la hora. El Comandante y yo supervisaremos la prueba, pero sólo a través de los gráficos, así que tendréis intimidad. Recuerda que podéis poneros en contacto con nosotros en todo momento, y… que no hay ninguna prisa. Tomaos el tiempo que creáis preciso. Y disfrutadlo. Recordad que esto es un estudio, sí, pero vosotros sois amigos y habéis sido creados para el placer, para obtener goce de esto, así que no lo hagáis frío, ni penséis que lo único que queremos es un informe... lo que queremos, es que disfrutéis, que lo paséis bien, ante todo, eso es lo importante.
     -Ya está bien, Doctor – intervino el Comandante – Deje de darle ánimos, es una máquina. Yo no le di tanta coba a mi perro la primera vez que hizo una monta, y eso que él sí está vivo. Prototipo MX, lo que debe hacer es únicamente tener un coito con el FX, es un proceso mecánico muy simple, no le dé tantas vueltas.
    Sam se limitó a asentir. El Doctor le dio una palmada en el brazo y el androide sonrió, una sonrisa algo insegura y que tembló y se esfumó en una expresión de casi miedo cuando Connor susurró “Ella ya te está esperando”.
    Sam salió de la habitación y se dirigió a la de Femme, el Comandante espero un tiempo prudente, de modo que el androide no pudo ya oír el quejido de Connor. El cuarto de Femme estaba muy cerca del  de pruebas. Conocía bien el camino, y aún cuando todavía estaba a cierta distancia, captó las emociones que ella emitía inadvertidamente por el espacio. L También en eso estaba más perfeccionada que él, él no tenía glándulas que emitiesen feromonas ni que causasen vibraciones del aire, leves, pero para él perfectamente perceptibles, a causa de su nerviosismo. “Espero quedar bien…” pensó el androide “En parte por el Doctor, sería terrible para él si quitaran la financiación al proyecto… pero también por ella. Somos los dos primeros androides en la historia que van a tener sexo, es una gran responsabilidad para los dos, pero sobre todo para mí. El Doctor dice que los seres masculinos siempre obtienen su placer, pero las hembras, a veces no lo logran. A veces se quedan a medias, o no sienten nada, o sienten sólo un gran dolor… Dice que eso a mí no debe preocuparme, que Femme no tiene prejuicios, ni inhibiciones, ni nada así, que si la estimulo, gozará como yo. Pero lo cierto es que me preocupa. Es decir, que tengo una responsabilidad que soy consciente que debo cumplir y, profesionalmente, me sentiría mal configurado si no lograra llevarla a cabo. Soy un androide, no tengo sentimientos, no puede preocuparme nada”.
     Sam se tocó distraídamente la imperceptible ranura de encima de su oreja donde se ocultaba su tarjeta de personalidad. Le resultaba duro admitir que sus sentimientos le desconcertaban, no podía analizarlos en definiciones simples como hacía con todo lo demás, y eso no acababa de gustarle. El Doctor le decía que se acostumbraría… habían empezado con las simpatías y antipatías, los temores, las reacciones… y después habían pasado a sentimientos complejos, como la tristeza, la preocupación, la amistad, el cariño… Sam envidiaba lo bien que parecía llevar eso Femme, ella era capaz de decirle al Doctor que se alegraba de verle, como si la alegría fuese algo lógico, algo medible o tangible… para él, era un misterio. Sentía que algo se removía en sus circuitos cuando la veía a ella, por ejemplo. Que sentía una indefinible oleada de bienestar, de gratitud hacia el doctor por haberla construido, de gratitud hacia ella por ser como era, de tranquilidad por ver que ella seguía queriendo estar con él, de ganas de sonreír y tomarla de la mano… pero no sabía si todo eso junto, era alegría o felicidad.
    “Para ella, es más fácil. Es un modelo más avanzado, sus sistemas son mejores. Los míos se basan en un principio de acción-reacción; si la veo, mi boca se estira y siento bienestar; si ella me rechazara, mis ojos soltarían agua y sentiría pena… ella es más compleja, sus sentimientos son más puros. Cuando me ve, suelta feromonas a nubes, y es como si brillara, y corre hacia mí, y me toma de la mano, y más de una vez ha querido besarme, pero no se ha atrevido. Ella puede decir que me quiere, y será verdad, dentro de sus limitaciones como androide. Y me quiere de una forma que yo no comprendo, y que hasta me da miedo, de lo enorme que es su forma de sentir. Creo que podría obedecerme si se me ocurriera darle una orden contraria a una de las Leyes, y eso es algo horrible, gravísimo… No sólo por el hecho en sí, sino porque su cerebro quedaría inútil después de algo así, y ella lo sabe. Y creo que sería capaz de hacerlo aún así si yo se lo pidiera. Me causa temor, pero también… ojalá yo fuera capaz de sentir con la misma intensidad que ella. Me gustaría quererla del mismo modo, porque yo sé que es un ente importante para mí, experimentaría sufrimiento si la perdiera, pero no estoy seguro de quererla. Me gusta estar con ella, quiero hacer con ella esta prueba, si construyeran otra FX, no me interesaría tener sexo con la nueva, y a veces pienso que me gustaría compartir cuarto con ella para estar juntos más tiempo… Disfruto cuando hablamos, cuando me coge la mano, cuando nos miramos y deseo darle placer y estar con ella. Pero no sé si eso, es querer”.
     Finalmente, se encontró frente a la puerta de Femme y llamó. Su compañera abrió la puerta y se quedaron mirando. Femme soltó una risita y Sam sonrió a su vez.
     -Hola – dijo él – Hoy… tu aspecto externo es francamente bonito. – El Doctor le había dicho que podía alagarla de algún modo, eso la complacería. A él le parecía un poco absurdo, ella siempre estaba igual, y ya sabía que a él le gustaba, no entendía por qué había que decirle algo que ella ya sabía de sobra y para lo que le bastaba con mirarse al espejo… pero Femme se sonrojó y sonrió, e incluso bajó la mirada. Sam sabía que aquello era una señal de timidez agradable, una reacción positiva a su cumplido.
     -Gracias. Tú también estás muy guapo. – contestó ella, y el androide creyó entender mejor el por qué de la recomendación del Doctor cuando, al oírla, sintió que su bomba de calor se aceleraba ligeramente y notó una agradable sensación de bienestar y hasta de orgullo. “Los cumplidos sirven para esto…” se dijo “Sabemos que a la otra persona le gustamos, pero el oírlo, nos reconforta y satisface nuestra vanidad”. Era la primera vez que estaban absolutamente a solas, sin el Doctor, sin el resto de personal del edificio, sin… sin nadie, y Sam estaba empezando a tener ganas de encontrar respuestas a todas sus preguntas. Alargó el brazo y la tomó de la mano. Pudo notar que Femme se aceleraba, su temperatura aumentaba y las articulaciones de sus piernas dieron un temblor. Ella alzó la mano libre y acarició su mano entre las suyas. Durante un momento, Sam se perdió en el sinnúmero de información que le mandaban sus sentidos, acerca del calor, la emoción, el bienestar… luego fue como si su cerebro positrónico se desactivase o se mandase callar a sí mismo, para limitarse a saborear el momento. Ninguno de los dos dijo nada, limitándose a mirarse en los ojos del otro. Para ellos, fue algo mágico.
      -Prototipos MX y FX, se ruega que se dirijan de inmediato a la sala de pruebas y comiencen el procedimiento. – Para el Comandante, era una pérdida de tiempo. – Lo siento, Doctor, crea de veras que lamento haberle hecho esto, pero no hemos gastado más de mil millones de dólares para que un par de montones de chatarra se limiten a mirarse como colegiales. Necesitamos saber si un androide puede realmente practicar sexo, nos serán imprescindibles como carne de cañón, estamos hartos de que nuestros hombres cojan venéreas en el frente cuando pueden tener prostitutos robóticos perfectos. – El Comandante hablaba al amasijo inerte en que se había convertido Connor tras recibir una descarga paralizante. No podía matarle, le necesitaba para construir más androides, pero tampoco podía permitir que llevase la voz cantante, no con lo que planeaba hacer. – Espero que no se haya encariñado mucho con su Sam, Doctor. No va a sobrevivir a la prueba, tengo que comprobar hasta qué punto puede seguir siendo obediente un robot con sentimientos.
     Pero de todo esto, nada sabían Sam y Femme, que, con aspecto de niños regañados, se dirigieron a la sala de pruebas sin soltarse la mano. Sam agradeció que la zona estuviera desierta, no quería tener que oír a nadie haciéndole bromitas del estilo “¿qué, a estrenarse….?”, y menos ahora que empezaba a comprenderlas. La puerta circular de la sala se abrió para ellos y se cerró con llave después. Nadie podría abrirla desde fuera salvo forzándola, podían estar tranquilos, nadie los interrumpiría.
    La sala de pruebas era una alcoba con una gran cama de matrimonio, las paredes eran de un cálido color rosado y la colcha de color rojo, con cojines en forma de corazón. Sam no sabía quién la habría elegido, pero le parecía entender que esa decoración tenía algo que ver con animarles a lo que iban a hacer. Femme no le soltaba la mano, y cuando se miraron de nuevo, le cayó encima la idea de lo que habían venido a hacer. No sabían ni por dónde empezar, ninguno de los dos. “¿Deberé desnudarme ya? ¿O desnudarla a ella?” El Doctor le había dicho que diese gracias que él no tenía que llevarla a cenar antes ni cosas así, y Sam no había entendido qué quería decir.
     -Sam… esto es algo incómodo. – susurró Femme - ¿Te… te parece si primero, nos sentamos y hablamos un rato? – Sam asintió. Por alguna razón, no se sentía capaz de hablar. Sabía que sus sistemas de voz estaban perfectos, pero aún así no podía. Y menos cuando cayó en la cuenta que el único sitio para sentarse, era la cama, pero se sentaron aún así. “¿Qué me sucede? Yo quería que llegara este momento, lo quería de veras, es el punto culminante de la investigación para la que fui creado… y seamos francos, yo también quiero saber qué se siente. Me he preparado para esto a conciencia, quiero que suceda… y sin embargo, tengo ganas de salir huyendo”.
    “Tengo que hacer que se sienta un poco más seguro…” pensó Femme “Los dos estamos asustados, pero él tiene la responsabilidad de darme gusto o no lograrlo, o hasta de hacerme daño… es normal que esté más nervioso que yo. Suele gustarle demostrarme todo lo que sabe, si le hago preguntas que pueda contestarme, tal vez se sienta más animado”
      – Eeh… quizá podríamos empezar besándonos, pero admito que no sé mucho de eso, ¿tú has visto alguna vez un beso?
     -Sí – logró contestar Sam – En películas, muchas veces. Y en una ocasión, vi uno de verdad. Me mandaron a llevar una caja al almacén, y el encargado estaba con la chica que reparte comida a domicilio. Estaban en un rincón… besándose. – Sam omitió que también estaban abrazados como si quisieran atravesarse y la joven tenía la camisa desabrochada.
     -¿De veras lo viste? ¡Qué suerte, yo no he visto nunca un beso de verdad! ¿Era como los de las películas?
     -Más o menos igual, sí… pero sin música. Y con más… saliva.
     -Con eso, ya sabes más que yo, Sam. Enséñame cómo lo hacían. Enséñame a besar. – pidió, y a Sam le pareció que su sistema digestivo se ponía del revés. Femme tenía los ojos cerrados y estiraba el cuello hacia él, poniendo morritos. Tenía los labios húmedos y brillantes, y Sam hizo acopio de valor. Se acercó a ella, y tímidamente posó su boca en la de su compañera, sus labios se juntaron y se separó. “No lo he hecho bien… no ha sonado, tiene que sonar un chasquido”, se dijo. - ¿Eso es un beso?
     -Creo que no me ha salido bien. – admitió. “Pero la verdad es que, aunque no haya salido bien, me ha gustado. Ha sido… suave. Cálido. Su respiración hace cosquillas, y me ha gustado acercarme tanto. Si es bueno aunque lo haga mal, ¿cómo será haciéndolo bien?” - ¿Puedo probar otra vez? – Femme asintió de inmediato.
      Sam de nuevo se inclinó ligeramente para tocar sus labios con la boca, pero esta vez, cuando intentó alzarse, ella le agarró suavemente de las mejillas y le retuvo, apretándose tiernamente contra él. Cabeceó y sus labios se deslizaron. Todo el sistema de Sam tembló violentamente y un gemido se escapó del pecho de ambos sin que ninguno pudiese evitarlo. Sam recordó los archivos eróticos que había visto y su lengua se puso en marcha.
     -¿Mmmh? Mmmmmmmmmh…. – para el androide, nunca un sonido tan falto de coherencia lingüística, había sido tan explícito. “Le gusta, le está gustando, está saliendo bien…” pensó mientras sus manos apresaban a Femme por los hombros y su lengua profanaba su boca sin ningún esfuerzo. Femme dejó paso a la lengua de Sam, la acarició con la suya y le permitió explorar la sensibilidad de sus labios, de sus mejillas, hacer cosquillas en su paladar… se extasiaron en las sensaciones, en el placer de las húmedas caricias, la aceleración de sus sistemas y la reacción de sus cuerpos ante el estímulo, el dulce calor que les invadía… el cosquilleo que hizo el hilillo de saliva al escaparse por la comisura de sus labios.
   “¿Qué… qué es esto? ¿Es una erección?” Pensó Sam, aturdido, notando que su cuerpo reaccionaba por primera vez al estímulo sexual. No le apetecía, pero soltó un momento a Femme para mirarse. Su traje térmico de color gris se había quedado ciertamente pequeño, y hacía una curva prominente en la zona de la entrepierna. Femme ahogó un grito y le miró, entre sorprendida, vergonzosa… y admirada. Ella conocía la anatomía masculina a la perfección, pero jamás había visto una erección, a ella le parecía enorme.
    “Es asombroso. Parece tan orgulloso, tan… grande. Es como… como un árbol, o un obelisco. Me gustaría mucho verlo”. Sam no sabía si taparse con las manos o pedir perdón, o qué. Por un lado, sabía que habían venido allí para eso, era su deber, y su reacción era un síntoma de que todo marchaba bien, pero por otro lado, le parecía de una grosería incalificable, y un síntoma de debilidad. No le gustaba tener un cuerpo que pensase por él, hubiera preferido mil veces poder controlar él mismo ese estado, igual que controlaba su apetito y la ingesta de alimentos o agua… pero no se podía, su miembro pensaba solito. Miró a Femme, pero ella parecía haberse quedado hipnotizada con el bulto, y la vio dirigir una mano curiosa hacia él, y tocarlo torpemente a través de la tela.
    -¡Hmmmmmm….! – Sam se estremeció de placer, doblándose, como si su cuerpo quisiera a la vez retirarse y acercarse de la mano de su colaboradora. Ella se rió quedamente, mientras él intentaba a la desesperada procesar todo lo que sentía. “Claro… digo, calor. Sensaciones dulces, cosquillas, deseo… ganas de tocarla, de… de penetrarla. Un escalofrío ha recorrido mi columna, pero ha sido muy agradable. Mis piernas se han encogido, he tiritado, he roto a sudar y he temblado. Pa-parecen síntomas de gripe, pero es todo muy agradable… increíblemente, asombrosamente agradable…”. Sin soltarle el miembro, Femme le besó de nuevo, ella se descalzaba con los pies y se arrodilló en la cama.
     “Si pudiera hacerlo, se sonrojaría” pensó Femme “Me gustaría emitir una señal tan clara como la suya. Mis pezones están erectos, pero a través de la tela del traje, no puede verlos… Claro, entonces, debo quitarme el traje”. Femme soltó por un momento a Sam y llevó las manos a la cremallera del hombro que cerraba su vestimenta. Su compañero pensó que su bomba de calor iba a estallar, pero hizo lo propio, dirigiéndose al cierre del suyo. Femme no fue capaz de sostenerle la mirada, pero bajó la cremallera hasta la cintura, se abrió la solapa y se bajó las mangas, dejando ver sus pechos, menudos, firmes y de pezones rosados y erectos, mientras Sam se quedó literalmente helado mirándolos. Sabía que Femme se daría cuenta, pero no pudo evitarlo: estaba sacando imágenes de ella para poder contemplarla siempre que lo desease.
    “Son… son preciosos. Son perfectos. No son tan grandes como los de las películas… son… son… me cabrían en las manos.” Una parte de él se avergonzaba de sí mismo por pensar tan lentamente y con tanta torpeza, pero otra no podía más que extasiarse en lo que veía, mientras sus manos temblorosas se deshacían de las mangas y se bajaba el traje por completo.
     “Tiene vello. Pelo en el pecho, folículos pilosos perfectos, tan oscuros como su cabello” pensó Femme, mirando el pecho de su compañero “Supuestamente yo soy más perfecta, pero mi piel es irreal, es muy suave, sí, pero sin vello, él sí está hecho al detalle, qué bonito cuerpo tiene… también tiene pelo en las piernas… ¿Qué me pasa? No siento frío, y sin embargo estoy temblando y mi piel se ha puesto de gallina, ¿esto será normal?” Femme tenía aún el traje en la cintura, medio caído y dejando ver el inicio de sus bragas, arrodillada sobre la cama, mientras Sam se deshacía del suyo y se sentaba frente a ella, sonriendo sin poder evitarlo “Creo que debo desnudarla yo… o al menos, ayudarla”, se dijo, mientras ella luchaba por encontrar un sitio dónde poder mirar, no podía mirarle a los ojos porque lo que veía en ellos le daba demasiada vergüenza, pero si bajaba la vista, se encontraba con la erección de Sam que abultaba su ropa interior.
     Sam dirigió sus manos hacia la cintura de ella. Su colaboradora estaba sonrojada y cuando tocó su piel, tembló violentamente y su cadera se echó hacia atrás, como si quisiera separarse pero no fuese capaz “Siente deseo, pero también miedo. El Doctor me dijo que esto podía suceder… y la verdad que yo también estoy un poco asustado, pero tengo que conseguir que se sienta a gusto. Aunque ella esté más perfeccionada, se supone que yo tengo más experiencia, aunque sólo sea porque mi fecha de inicio es más antigua que la suya…”
    -Femme – susurró – Sólo… sólo quiero que sepas que para mí, es importante que los dos obtengamos placer de ésta experiencia. Siento… - el terreno de los sentimientos era muy abrupto para él. Le gustaría ser más como ella en ese punto, ella lo decía, no lo analizaba. Y entonces pensó que, si sólo se trataba de decirlo, tal vez pudiera hacerlo, ¿por qué razón tenía que analizarlo todo, si a lo mejor sólo diciéndolo, ella se sentía bien? – Siento felicidad y tranquilidad porque tú seas mi colaboradora. No querría hacer esto con otro androide que no fueses tú.
   No era enteramente verdad, pero tampoco era por completo mentira. Si le hubiesen asignado otra compañera, lo hubiera hecho igualmente porque así se lo ordenaban… pero desde luego, no tendría las mismas ganas de hacerlo. ¿Sería eso querer? ¿Simplemente desear, o no tenía nada que ver? Fuera como fuese, Femme le sonrió y se arrojó en sus brazos.
     -¡Abrázame…! – pidió, mientras caían en la cama, y Sam intentaba registrar el confuso montón de sensaciones que se le vinieron encima, tanto figurada, como literalmente. Sus manos en su cintura, en sus nalgas, los brazos de ella recorriendo sus brazos, su boca besándole una vez más, la caricia suave de la colcha, el aleteo de las piernas de ella liberándose de todo el traje, quedándose sólo en bragas, y el poderoso olor que subía de ellas, indicando que estaba húmeda y caliente…
    El Comandante, contrariamente a lo que había prometido el Doctor Connor, había encendido la cámara y miraba por uno de los monitores. Ni aunque Sam y Femme hubieran estado menos ocupados se hubieran dado cuenta de aquello, y el militar se sintió excitado por lo que veía. Se acomodó en su silla y se abrió la parte baja de su uniforme, sacando su miembro flácido y se puso a manosearse. La presencia de Connor parecía importarle muy poco. El Doctor gimió. Le preocupaba la suerte que pudieran correr sus “hijos”, pero era simplemente repugnante que, además de amenazar con matar a Sam, todavía les robase su intimidad y se masturbase mirándolos.
     -No se ponga puritano, Doctor – dijo el Comandante – Usted los construyó, usted le puso al FX esas tetitas tan monas. No se apure, el efecto paralizador pasará en un par de horas, y ya construirá usted otro juguetito. Muchos, de hecho, tendrá que hacer muchos para nuestros valientes soldados, así ellos podrán follar a gusto. Tal vez algún día, podamos mandar robots al frente, pero esa estúpida Ley que les impide hacer daño a los seres humanos, los estropea. Deberían simplemente hacer lo que se les ordenase, no ser inteligentes… y por el momento, hay que reconocer que los seres humanos son más baratos que los androides. Mire qué bien se lo pasa su Sam… tal vez me quede yo con ella. Sí, creo que al prototipo FX me lo quedaré para mí. Le borraremos la memoria.
      Precisamente en lo más hondo de esa memoria que el Comandante deseaba borrar, estaba grabando Femme todo cuanto sucedía, y no era la única. Sam también estaba registrando todo aquello. Sabía que después de esa primera vez, vendrían otras, el experimento continuaría… pero aquélla era su primera vez, no quería olvidar nada, quería poder verlo una y otra vez, siempre que quisiera. Estaban abrazados en la cama, besándose, con sus respectivas bombas de calor aceleradas, acariciándose mutuamente como si en el mundo no existiera nada más. Femme lo abrazaba con las piernas “mis piernas se han abierto solas, ¿cómo puede ser, si yo no tengo instinto? ¿Es el deseo el que me guía?” se preguntaba en los breves momentos en que podía razonar y no limitarse a sentir.
      Sam le apretaba los pechos, había jugueteado con sus pezones duros y le encantaba tocarla. Femme gemía suavemente cada vez que los movía, o los apretaba… Su voz era tan dulce… “¿cómo puede ser dulce una voz? Es un sonido, no un sabor… sin embargo, no hay palabra que lo defina mejor que esa” se decía Sam, mandando al traste la mayor parte de sus definiciones y sus exactitudes. Quería quitarse la ropa interior, desnudarse por completo y entrar en ella, pero aún tenía apuro por si ella no estaba lista. Según el olor que desprendía, lo estaba de sobra desde hacía un buen rato, pero, ¿y si, psíquicamente, precisaba más tiempo? “Le gusta cuando le toco los pechos. Me gustó cuando ella tocó mi erección… ¿y si me atrevo a tocarla en su sexo? Tal vez le guste, y si no, me pedirá que pare”.
     -Femme… - soltó su boca un instante – voy a hacer algo… no sé cómo va a resultar, así que si no te gusta, párame enseguida, ¿de acuerdo?
     Su compañera asintió, y Sam bajó la mano por la espalda de ella, hasta llegar a las nalgas. Se metió bajo la tela de las bragas, casi con miedo, y ella tembló y gimió quedamente. Al tocar su piel cálida, Sam sintió un calor maravilloso, y apretó los músculos, masajeándolos, tirando poco a poco de la tela para bajarla lentamente. Sin salir de las bragas, deslizó la mano hasta su muslo, y por fin al frente, “tiene vello aquí… como yo… bueno, no como yo, es suave… está mojado… más abajo no hay ya vello, es muy suave… ay… siento como si mi bomba de calor fuese a explotarme, no sé si puedo seguir…” Sam temblaba, y Femme gemía, sonriendo, con la cara roja como un tomate y los ojos entornados de placer.
     -Me haces cosquillas… - gimió – pero son unas cosquillas… raras, me gustan mucho, no quiero que pares… por favor, sigue…
     Sam hizo ademán de retirar las bragas para tener más sitio, pero su propia colaboradora le ayudó, y pudo ver su sexo por primera vez. El vello aquí era un poco más oscuro, rizado y fino, pero suave, apenas una capa ligera bajo la que asomaba un botón rosado y tembloroso, tan pequeñito e indefenso que parecía suplicar que lo mimaran… era lo más bonito que Sam había visto en su vida, y lo besó sin poder contenerse.
      -¡Aaaaaaaaaah….! – Sam hubiera podido asustarse en otras circunstancias, pero lo que sintió fue orgullo, Femme acababa de experimentar un subidón de placer, y había sido gracias a él. - ¿Qué… qué me has hecho, Sam….? Ha sido muy bueno… repítelo, por favor…
    Sam sonrió y acarició la perlita húmeda con la punta de los dedos. Con la boca muy cerca de ella, explicó con su hilarante tonito de listillo:
      -Se llama “sexo oral”, y consiste en besar, chupar y lamer el sexo de tu compañero. Dicen que es muy agradable, parece que es cierto… - y lamió de nuevo el clítoris de Femme, mientras ésta se retorcía de gozo y sus jugos se escurrían por sus muslos. “Ha sido casualidad que haya tenido ganas de besárselo, pero creo que ha sido buena idea… le está gustando, me encanta cómo se mueve por el placer que le doy”
      Femme se sentía a la vez increíblemente bien y llena de miedo. Las sensaciones que la colmaban le hacían sentir como si fuera a desconectarse, como si fuese a cortocircuitarse, pero era tan increíblemente bueno, que se sentía incapaz de parar. “Su lengua… su lengua se mueve sobre mí, es tan caliente, no puedo resistirlo, me hace temblar, no controlo mi cuerpo… pero que no pare, por favor, que siga, quiero más… así, así, más deprisa, así….. ahí, ahí, justo en la puntaaa… mmmmmh”. Femme intentaba torpemente acariciar las piernas dobladas de Sam, pero no podía controlarse, el placer que sentía por primera vez, era demasiado intenso para ella, pero no quería ser egoísta.
      -Sam… para… por favor, paraaaaa…. – suplicó, y su compañero se detuvo de inmediato. Tenía la cara empapada en jugos hasta el cuello, pero aquello le parecía lo más delicioso del mundo, hubiera podido pasarse horas lamiendo de no haberle pedido que parase.
     -¿Qué pasa, te hice daño? – preguntó.
     -No, no, todo lo contrario… pero no quiero gozar yo sola, quiero darte placer también a ti… por favor… penétrame.
     Sam tuvo la impresión de que su sistema visual le mandaba información errónea, porque le pareció que el cuarto daba vueltas. “Me acaba de pedir que la penetre. Está preparada, quiere que lo haga… me ha llegado el turno…” Sus pensamientos se hicieron más confusos mientras se quitaba el calzón blanco que cubría su erección. Su miembro supuraba y Femme lo devoró con la vista “es precioso. Da un poco de miedo verlo así, tan grande y tan tieso… pero yo sé que es mi amigo, igual que Sam, no va a hacerme daño, va a darme gusto, y yo a él también. Quiero que se sienta tan bien como yo”. “Hagámoslo” pensó Sam, pero no se atrevió a decirlo en voz alta, y se tumbó lentamente sobre ella, que se abría de brazos y piernas para él. Muy despacio, notó que su cuerpo y el de ella estaban uno sobre otro, y ella lo abrazaba y le acariciaba con las piernas. Se miraron, jadeantes, besándose, mientras Sam se movía arriba y abajo, buscando…
     “¿Por dónde…?” Se preguntaba. Él sabía exactamente dónde estaba desde el punto de vista anatómico, pero parecía que su miembro no tenía mucha idea en la práctica. Notaba el calor, notaba el pliegue, pero… no encontraba la abertura. Era más difícil de lo que había pensado, no tenía ojos ahí abajo para guiarse. Pero a Femme no parecía importarle, el roce y el calor la encantaban y no dejaba de besarle y acariciarle la espalda. Sam gemía, a él también le gustaba la dulce sensación de caricia cálida que le daba el frotarse contra ella “Quiero más… quiero estar dentro de ella… pero de momento, esto va bien así, la hago gozar y también disfruto yo, ¿para qué más?”, y continuó acariciándose, cada vez más fuerte. Femme gemía, también ella le quería dentro, y se deslizó un poco hacia abajo, Sam se acomodó, y notó una explosión de calor en su miembro.
      Los dos gritaron y se miraron, estremecidos de placer y asombro. Sólo ligeramente, sólo la punta… pero había entrado. Sam estuvo en un tris de salirse, quería entrar a deseo de los dos, no por accidente, había sido sólo una casualidad, un desliz con suerte… pero fue como si su miembro tomase el control y tirase de él, suave, pero firmemente, haciéndole introducirse en aquella cueva caliente, húmeda… estrecha. Tensa. Y sobre todo, cálida. Femme ardía por dentro, ¡qué bien se estaba! Su compañera le miraba con ojos desorbitados de sorpresa, lo que sentía superaba todas sus expectativas. Podía notar cómo Sam se iba introduciendo poco a poco, cómo su cuerpo era penetrado lentamente, le parecía que podía sentir cómo cada una de sus ochenta mil terminaciones nerviosas se activaba con el roce del miembro de Sam al introducirse en su cuerpo. Y todas ellas estaban satisfechas y querían más, le querían más adentro. Estaba tan duro, tan caliente… la abría con tanta dulzura… parecía enorme dentro de ella.
    Sam se dio cuenta que sus pelvis estaban pegadas. Estaba totalmente dentro de ella. Su cuerpo se retorcía sin que él pudiese evitarlo, era muy agradable. Femme le sonreía y asentía con la cabeza, mientras se apoyaba en la cama y también ella movía las caderas, disfrutando de las sensaciones… “quiero moverme… pero me da miedo hacerlo, si me muevo, soltaré el gel testicular ahora mismo, y eso significa que habré terminado. Yo-yo no quiero que acabe tan pronto. Quiero seguir, quiero sentir esto todo el rato que pueda… pero también quiero tener un orgasmo, quiero sentirlo, saber cómo es… qué difícil es el sexo, ¿qué hago?”
    Femme contestó por él. Le abrazó por el cuello y tiró de él suavemente para que se apoyara por completo sobre ella y no sobre los codos. Sam se dejó deslizar en medio  de un suspiro interminable al sentir los pechos de ella, blanditos y calientes, bajo el suyo, los traviesos pezones cosquilleando su piel, y las manos de su compañera abrazándolo por la espalda, su aliento jadeando en su cuello…
      -Te quiero, Sam. – y por primera vez, a él no le quedaron dudas. No se hizo preguntas. No buscó definir ese sentimiento en otros más simples, ni pensó que se trataba de una confusión, de algo que no estaba a su alcance por ser un robot… su boca articuló las palabras sin que él tuviera que pararse a pensarlas.
      -Yo a ti también… te quiero, Femme. – y sus caderas empezaron a bombear, primero suavemente, mientras ella gemía de placer y felicidad, ¡Sam acababa de declarársele! ¡Por fin lo había dicho! Le apretó con las piernas mientras él aceleraba, y ella sentía que el placer se agolpaba en las paredes de su estrecho sexo, como si… “Es como rascarse cuando algo te pica”, recordó que le había dicho el Doctor, y efectivamente, se le parecía, no era igual, pero se le parecía, ¡era tan bueno…!
     Sam notaba cómo Femme se estremecía debajo de él, “¿irá a tener el suyo ya…? ¿Cómo me enteraré de cuándo lo ha tenido? He leído que las mujeres tiemblan a veces, o se ponen rojas, o…” las piernas de Femme le soltaron y sus pies empezaron a elevarse de él, con las piernas temblorosas “…o se les levantan los pies… Creo que va a tenerlo, ¿qué deberé hacer, sigo, paro, acelero, ralentizo….?”, Sam era un mar de dudas, pero su cuerpo pensó por él, y siguió bombeando, mientras él no dejaba de mirar la adorable cara de gusto que ponía Femme, vio cómo sus mejillas se ponían más rojas, sus ojos brillaban, ella intentaba tenerlos abiertos, pero se le ponían en blanco y se cerraban solos, ella temblaba de los hombros a los pies, y sus jadeos subían de tono, mientras asentía con la cabeza.
      “Creo que… creo que….” Pensó Femme, pero no fue capaz de coordinar la frase entera, cuando le pareció que explotaba. El placer la hacía estallar por dentro, era como si un sinnúmero de sensaciones la colmaran, su columna se vio recorrida por un calambre, sus caderas empezaron a dar sacudidas mientras un delicioso hormigueo cosquilleante estalló en su sexo y la recorrió por todo el cuerpo, y su vagina empezó a dar contracciones dulcísimas que apresaban y exprimían el miembro de Sam. Éste desorbitó los ojos al notarlo y ser consciente de lo que acababa de pasar “lo ha tenido… lo ha tenido, ¡lo he logrado!”, y un maravilloso picor le invadió el cuerpo, cebándose en su miembro masajeado y pensó que iba a caer en hibernación del tremendo gusto que sentía, gritó de placer sintiendo que sus piernas temblaban, y en medio de maravillosas contracciones que le acalambraban hasta el recto, sintió que sus testículos se vaciaban y vertían en ella el gel caliente, entre los gemidos de ambos.
    Sam y Femme se abrazaron, aún jadeantes. “Ha sido increíble… es como… es como mágico” pensó él. “No me extraña que todos los humanos vivan para desear esto… no me extraña que todos lo quieran, que haya quien pague por ello”, pensó ella, besando suavemente el rostro de su amante.
     -Femme… quiero repetir esto – dijo él, y su compañera sonrió, feliz – quiero hacer esto contigo siempre que podamos, todos los días. Y no sólo por la investigación ni sólo para definir sensaciones. Te quiero, y quiero estar contigo, tanto para hablar y conversar, como para trabajar, como para hacer se… como para hacer el amor.
    La bomba de calor de Femme casi pareció estallar al oír aquello. “Hacer el amor… ha dicho Hacer el amor, no hacer sexo, ni tener coito, ni darnos placer… ha dicho Hacer el amor…”. No fue capaz de contestar más que besándolo y acunando después su cabeza en sus pechos hasta que quedó en estado de baja consciencia por descanso, lo que entre humanos, sería llamado dormir.
       
                                                                                   *****

     -¿Qué? – dijo Femme, tapándose los pechos con la colcha. No podía ser cierto, el Comandante no podía estar pidiéndole algo así…
      -Ya me ha oído, prototipo FX – el Comandante no hablaba muy alto por el altavoz para no interrumpir la hibernación de Sam, era necesario que estuviera dormido. – Bajo la cama, encontrará el arma. Quiero que la use contra el MX, elimínelo quemándole el cerebro. Ya.
    Femme no podía desobedecer. Su cerebro positrónico estaba construido, como el de todos los robots, de acuerdo a las tres Leyes, según las cuales, no podía causar daño alguno a otro ser viviente, tenía forzosamente que obedecer cualquier mandato que le diese un humano (siempre que no contraviniera la primera Ley) y preservar su propia existencia (siempre que eso no entrase en conflicto con la primera y segunda Leyes)… pero un robot, Sam, no era un ser viviente… si un humano le mandaba destruirlo, ella estaba obligada a obedecer, no tenía modo de negarse…. Ni aunque no quisiese hacerlo, ni aunque hubiese preferido mil veces quemarse ella su propio cerebro.
    Obediente, bajó de la cama y encontró allí la pistola eléctrica de alta potencia. Colocada junto a la cabeza de Sam, su tarjeta de personalidad quedaría inútil para siempre, y su cerebro destruido, sus recuerdos, irrecuperables… Sam habría “muerto”, y ella habría sido la causante, pero no podía hacer nada más que obedecer a rajatabla. Colocó el arma en el lado de la cabeza de su amante, y éste dejó escapar un gemido perezoso sin despertar. Femme le acarició la cara por última vez, deteniéndose en el cabello negro… y luego, disparó la carga eléctrica mortal.
    El cuerpo de Sam dio una convulsión, pero no se quejó. Su cabeza echaba humo y estaba ennegrecida allí donde había recibido la sobrecarga. El Doctor Connor gritó, un grito inarticulado e impotente de alguien que aún estaba paralizado y ve morir a alguien que era poco menos que su hijo. Femme se llevó la mano a la boca, como si estuviera a punto de vomitar, pero en lugar de eso, se dejó caer de rodillas, agarró la mano de Sam, y con la mano libre, se llevó el arma a la garganta. El Comandante intentó gritar una orden, pero Femme no le dejó tiempo, apretó el gatillo y enseguida cayó inerte al suelo, con el cuello renegrido y humeante.
                                                                                            *******
        -¡¿Porqué hizo esa estupidez?! ¡Yo no se lo ordené, usted dijo que tenían prohibido atentar contra ellos mismos, estaba defectuosa! – El Comandante estaba rabioso mientras el Doctor Connor examinaba  los tristes cuerpos inertes y los preparaba para el sepulcro. No pensaba reutilizar sus piezas, no se merecían algo así… pensaba lanzarlos al espacio.
       -No estaba defectuosa, Comandante. Simplemente, le obedeció. Usted no entiende nada de psicología robótica… Cada androide, tiene prohibido hacerse daño a sí mismo, pero antes que otra cosa, son obedientes. Usted le mandó matar a un compañero, a SU compañero. Eso, ya fue bastante duro para ella, los robots no soportan saber que han hecho daño a alguien, aunque sea por mandato superior… si, pongamos por caso, un robot tuviera que salvar a una familia de un asesino peligroso, intentaría por todos los medios reducir al asesino sin causarle daño, pero si accidentalmente se lo hiciera, o si no le quedara más salida que matarlo… se vería en la disyuntiva de contravenir la primera Ley por obedecerla: matar, para evitar una muerte. Eso, le destrozaría el cerebro. La culpa sería superior a él, necesitaría tratamiento y probablemente quedaría inútil… a Femme le pasó algo parecido. Obedeció, y para ello, tuvo que causar daño... y causárselo a quien ya consideraba que formaba parte de ella.
     -¿Qué quiere decir con “parte de ella”?
     -Comandante, Femme no era humana… - la voz del Doctor temblaba tristemente cuando cerró los párpados de la androide y acarició la quemadura que tenía bajo la barbilla - era la primera androide con sentimientos, y como tal, para ella eran un poco confusos. También lo eran para Sam, pero él era más lógico… ella, más sensible. Para ella, no había términos medios de “te quiero un poco”, ella sólo sabía amar con desesperación, con locura, hasta el extremo. Al hacer sexo con Sam, cuando él confeso que la amaba, el amor que ya sentía por él, se desbordó, para ella, los dos eran un solo robot. No hubiese soportado separarse de él. Cuando usted le ordenó destruirle, ella entendió que la estaban privando de una parte de ella demasiado importante para seguir existiendo sin él… para ella, fue como si le hubiera pedido que se autodestruyese, tenía que obedecer, pero entendió que estaba contraviniendo la Ley que la obliga a preservarse a sí misma de daño, y llegó hasta el final en su obediencia. Se autodestruyó.
      -En ese caso, necesitamos androides que no estén construidos en base a esas leyes estúpidas que los coartan, simplemente que obedezcan y punto.
     -Comandante, esas leyes estúpidas son inamovibles, no se puede construir un cerebro positrónico sin ellas… y son las que hacen que ahora mismo, usted esté a salvo, porque no puedo ordenar a ningún robot de la base que lo mate a usted y que oculte el cadáver. El experimento se ha terminado, el gobierno no va a tener ninguna prostituta robótica, porque yo no pienso construirlas y nadie aceptará hacerlo.
     -Si el gobierno quiere putas robots, tendrá putas robots, si usted no quiere hacerlas, ya encontraremos a quien sí lo haga y haga chatarras obedientes y no pensantes, ¡psicología robótica! ¿Acaso tienen psicólogos los tostadores? ¡No me haga reír!
     Connor estaba demasiado afectado para discutir. “Váyase” murmuró, y el Comandante se marchó de allí, haciendo chistecitos estúpidos sobre el funeral que iba a preparar para esos dos montones de chatarra…
      “Dicen que Dios hizo a la mujer de la costilla del hombre… bueno, yo voy a rehacer al hombre, del estómago de la mujer”, pensó el Doctor, y abrió quirúrgicamente el vientre de Femme. Allí estaba. Por un momento, temió habérselo imaginado, que sólo hubiera sido una esperanza loca a la que se aferró su corazón herido, pero no. Allí estaba. Cuando Femme acarició la cabeza de Sam antes de la descarga, había sacado de su ranura la tarjeta de personalidad de él para rescatarla, y fingiendo después un acceso de vómito por el crimen, se la había tragado. El cerebro de Sam era irreparable, eso sí, pero eso podía reconstruirse… era la tarjeta de personalidad la que regía sus recuerdos, sus sentimientos, su forma de ser… Sólo tendría que reparar eso, la horrible quemadura de la sien y verificar que la descarga no había producido más daños, y Sam estaría de nuevo listo. A Femme sólo habría que hacerle ajustes similares para reparar la descarga y la quemadura, ella había tenido buen cuidado de herirse en la garganta, lejos del cerebro y de su tarjeta.
     “Fingiremos un funeral, mandaré al espacio dos auténticos montones de chatarra, y vosotros viviréis conmigo… Todo el mundo sabe que yo tengo un hijo, Samuel. Es cierto, hace años que me pegó hasta casi matarme, me robó, y se marchó, desde entonces que no sé de él… pero ahora, ha vuelto, y se ha casado. Mi pequeño Sam y su nuera, recién casados, humildes maestros de cátedras secundarias… sois los hijos que siempre he querido tener”.
    


lunes, 28 de enero de 2013

Corazón positrónico, I


-Comprobación de sensibilidad… dime qué sientes.

-Hum… suave sensación, agradable, entre caricia y picor. Me gustaría poder rascarme. Pequeña sensación de inicio de euforia… los músculos de mi rostro se estiran solos… ji, ji, ji… y emito sonidos que escapan a mi control, de respuesta positiva ante el estímulo.

-Sam, ¿porqué no dices simplemente "cosquillas"? – preguntó el Doctor con ternura, apartando la pluma de la cara de Sam, también conocido como "Prototipo Alfa MX/8.6", donde la palabra "alfa" significaba que se trataba de un robot totalmente antropomórfico; la M indicaba que se trataba de un androide con apariencia masculina; la X, que era apto para el sexo, y el 8.6, que era la octava versión, con seis actualizaciones hasta la fecha. Las antiguas versiones del prototipo MX ya no estaban en operativo… a decir verdad, la versión 8.6, llevaba la mayor parte de los componentes de las mismas.

-Me gusta analizar en profundidad las sensaciones y los estímulos, Doctor – contestó el androide mirándole con sus oscuros ojos con expresión de listillo de la clase -. Me ayuda a comprenderlas. Decir "simplemente cosquillas", implica que uno tiene que saber qué son las cosquillas… y cuando empezamos el procedimiento, yo no lo sabía.

El Doctor Connor negó con la cabeza, sonriendo. Sam era muy inteligente, sensible y trabajador, era, como él lo llamaba "su hijo favorito". Pero era así, porque así lo había programado él. En el lateral izquierdo de la cabeza, oculto tras la oreja y el cabello negro, había una diminuta ranura en la cual se ocultaba la tarjeta que definía la personalidad del androide. Sin ella, Sam no sería muy distinto de una cafetera. Podría seguir obedeciendo órdenes, moviéndose y hasta produciendo sonidos… pero ya no sería capaz de hablar tal como lo hacía ahora. No sería capaz de razonar, de entender una broma o de sentir alegría o dolor.

"En realidad, siendo totalmente justos, tampoco las siente ahora", se obligó a recordarse el anciano Doctor. Lo que sentía Sam no podía clasificarse como auténtica alegría… entre otras cosas, porque aquello que debía producirle alegría, ni siquiera lo había elegido él mismo, sino que le había sido programado en su cerebro positrónico y su tarjeta de personalidad. Sam "sabía" que una postal con gatitos debía producirle ternura, que el reencuentro de Heidi con su abuelito debía emocionarle y producirle alegría, y que la despedida de Marco de su madre debía entristecerle y hacerle llorar… pero no eran verdaderos sentimientos, sólo impulsos eléctricos que, de acuerdo a su programa, producían reacciones en su sistema enviando señales positivas o negativas, que podían hacerle sonreír, o perder agua por los ojos. Claro que el Doctor Connor intentaba no recordar que esa manera de actuar, se parecía mucho a la del cerebro humano… "¿acaso nosotros elegimos realmente lo que nos causa alegría o pena? ¿O lo elige nuestro instinto o educación? ¿Qué persona, simplemente recordando que un cachorro sin madre no puede vivir, podría no sentir pena viendo a Marco gritar "no te vayas, mamá", por todo el muelle?"

El Doctor se obligaba a sí mismo a ver a Sam cómo una máquina, y el propio Sam parecía esforzarse por actuar así, pero Connor a veces lo miraba y se preguntaba cosas… "¿dónde te programé para que fueras tan redicho…? ¿Dónde, para que tuvieras tacto con mis sentimientos? ¿Quién te ha dicho que tu bomba de calor debe acelerarse al verla a ella? ¿En qué parte de tu tarjeta está lo que sientes por ella… y el nombre que le diste?". Si Sam era difícil para verlo como una mera máquina, ella lo era mucho más. El prototipo Alfa FX/5.5, androide antropomórfico, femenino, apto para el sexo, quinta versión actualizada cinco veces. Y Sam la había llamado Femme.

Femme estaba más actualizada que él. Ella podía ruborizarse, sus sentimientos eran más complejos y… Connor sabía que era difícil ser completamente profesional cuando se daba forma a un androide, y más aún de sexo femenino. Era muy bonita. Sam podía ser considerado un hombre atractivo, con su rostro ovalado terminado en una barbilla ligeramente prominente, su nariz recta y sus ojos simpáticos, tenía una cara graciosa, aunque las orejas fueran un poquitín más grandes de lo deseable, pero era atractivo en conjunto y podía serlo hasta mucho cuando sonreía. Pero Femme era de rostro dulce, de nariz graciosamente respingona, grandes ojos castaños llenos de calidez y cabellos cortos castaño rojizos, suaves y agradables al tacto. Su pequeña boca sonreía prácticamente siempre, su busto era llamativo, sus caderas redondeadas y su piel había sido tratada con mimo para que fuera suave como la misma seda. Hasta Sam le había dicho en una ocasión que prefería la de ella a la suya propia, aunque ésta fuera más realista hasta el punto de haberle incluido folículos pilosos para tener vello en brazos, piernas y pecho… Aparte de en la cabeza y las cejas, el único sitio donde Connor había dejado vello, estaba en una zona del cuerpo de Femme que de momento, no había sido visto por Sam.

Las anteriores versiones de los prototipos MX y FX ni siquiera había llegado a conocerse, pero Sam incluso había estado presente en el "nacimiento" de Femme. El androide lo había grabado en el chip de memoria de su tarjeta de personalidad para volver a visualizar el momento siempre que quisiera. El prototipo FX estaba tendido, aún sin conectar, en la mesa metálica donde sería animado, mantenía los ojos cerrados, como si estuviera dormida. El Doctor se la había enseñado, "ella será tu compañera de investigación", había dicho cuando le extrajo parte del gel testicular que MX producía; ese gel fue inyectado en el cuerpo del nuevo androide sin que Sam pudiera ver cómo, pero Connor le explicó "Necesitábamos que sintierais un principio de necesidad mutua… algo que os ayudara cuando llegue el momento. Por eso se me ocurrió esto, tus testículos fabrican este gel, y es bueno que periódicamente eliminen el exceso que no usas para lubricarte y mantener en forma tu aparato genital. Ella no lo produce, su cuerpo es distinto del tuyo, pero lo necesita también con regularidad para lo mismo que tú. Ella lo necesita, tú puedes dárselo. Tú necesitas soltarlo, ella puede recibirlo." Era una buena idea, como todas las del Doctor Connor.

Él le había dejado verla a solas. No le dejó levantar la sábana que la cubría, eso sí, y Sam experimentó un activación fortísima del impulso que controlaba su timidez cuando el doctor le agarró la mano con la que había pretendido levantar la sábana y le llamó "sinvergonzón". Él sólo había querido satisfacer su curiosidad en cuanto a las diferencias entre su cuerpo y el de ella, pero luego se le ocurrió pensar cómo se hubiera sentido él si un desconocido, aunque fuera su futura colaboradora, le hubiera visto sin nada de ropa, y no fue lo que definiría como "sensación agradable", pero de todos modos, pudo verla a solas. Cuando por fin la activaron, la bomba de calor que regía el riego del gel caliente que daba al cuerpo del androide color y tacto cálidamente naturales, se le aceleró considerablemente. El prototipo FX abrió los ojos lentamente, y éstos, en lugar de quedarse fijos en un punto, como era lo normal, se pasearon por toda la habitación, mirándolo todo, registrando en su memoria, fijando imágenes y haciéndose preguntas para sí. "Es curiosa" pensó Sam, dándose cuenta que los músculos de su cara se habían activado sin él, y sonreían. Y cuando ella le miró, puesto que él era el único que sonreía, analizó la imagen de su rostro para saber qué estaba viendo… y devolvió la sonrisa.

-¿Cómo te llamas? – Preguntó el Doctor. Era la pregunta de rigor cuando un nuevo androide era conectado. Puede parecer algo simple, pero el robot debía recitar su nombre completo y funciones sin ninguna vacilación, para probar que todo estaba correcto. Había algunos que no pasaban la prueba, que se atascaban, que olvidaban su nombre o que directamente, no sabían quiénes eran… eso implicaba un fallo que hacía necesaria la desconexión y debía ser reparado de inmediato. Pasaba muy pocas veces, pero en una ocasión, un androide no sólo no contestó, sino que miró al ingeniero que le hablaba y preguntó "¿Mamá?". Tuvo que ser destruido. Sam supo que estaba sintiendo un principio de temor por si acaso ella no contestaba correctamente, pero no tuvo fallo alguno.

-Soy tu compañero en ésta investigación – le dijo, inclinándose ligeramente sobre la mesa cuando acabaron los ajustes y por fin pudo acercarse – Soy el prototipo Alfa MX/8.6, pero puedes llamarme Sam.

-¿Y cómo puedes llamarme tú a mí? – preguntó ella, con su voz de niña. Sam sabía que no le correspondía a él dar nombres de pila a los androides, es el ingeniero, en éste caso el Doctor Connor quien se encarga de ello si lo cree oportuno… pero antes de poder darse cuenta, su boca contestó:

-Femme. ¿Te gusta?

-Femme: nombre femenino – procesó su compañera - (être humain), mujer, ser humano/ (épouse), esposa: sa femme, su esposa, su mujer/ (adulte) adulta, mujer adulta/ (féminine), femenina; elle est trés femme, ella es muy femenina…. Me gusta.

Y se quedó con ése nombre. No era correcto, no era el procedimiento, al Comandante le irritó cuando se enteró y exigió que le fuese borrado ese nombre del registro para ponerle otro… pero Connor se negó.

-No es una buena idea andar interviniéndole la memoria, y menos por tan poca cosa. – El Doctor entendía que el Comandante tenía intereses en el asunto, habían gastado muchísimo dinero para el proyecto de sentimientos y sexo entre autómatas, era primordial para él que todo se hiciera al pie de la letra… pero el que Sam hubiera querido elegir el nombre de su compañera, era precisamente un indicativo de lo bien que estaba saliendo todo. Hasta la fecha, los androides podían ser amables con un compañero, como lo eran con todo el mundo, pero ninguno había mostrado especial interés en ninguno, ni intentos de trabar amistad o preocupación por caer simpáticos al otro.

Desde entonces, Sam había colaborado activamente en la educación de Femme, en evaluar la sensibilidad de su piel, su expresividad, si ella era capaz de entender sentimientos, de expresarlos, de describirlos… En las horas de las comidas, solían estar juntos, y con frecuencia se separaban un poco del resto para hablar. Connor los miraba desde lejos y no podía evitar sentirse enternecido al verlos charlar, mirarse a los ojos, y a veces, hasta tomarse de la mano. "Mis queridos hijos… los únicos que tendré", pensaba. El Doctor les preguntaba después por separado acerca de lo que sentían cuando estaban a solas y se miraban. Sam contestaba sin apenas vacilar y describía sus sensaciones con exactitud. Femme se ruborizaba y sonreía, y usaba circunloquios con frecuencia, y hasta metáforas, cosa de la que Sam era incapaz. El Doctor se sentía orgulloso de ellos. Pero aún faltaba la prueba, la más importante, aquélla para la que habían sido creados y de la que dependía la continuación del proyecto y el éxito o fracaso del mismo… Sam y Femme tenían que practicar sexo.

Por el momento, todo había consistido en experimentar si el sistema de sensaciones implantado era realmente funcional, si podían sentir placer, y tener sentimientos complejos, y eso de momento había funcionado. Sam sabía que no podía olvidar lo que registraba en su memoria salvo que le fuese borrado, pero aún así, sentía que había recuerdos que iban más allá de lo simplemente grabado, que se quedarían con él de algún modo… como la suave oleada de calidez que sintió bañarle en aquélla ocasión que el Doctor le dejó a él la pluma y le permitió hacer cosquillas a Femme, y ésta sonrió al notar la caricia en su cuello y se estremeció, encogiéndose de hombros y mirándole con ojos sonrientes… y cuando él retiro la pluma ella le pidió que no se detuviera, que lo hiciera otra vez, que era divertido. Y Sam obedeció. Pero todo aquello, no eran nada más que pequeñeces, como decía siempre el Comandante. Lo importante, lo que realmente deseaba el gobierno, era el asunto sexual, era imprescindible. Connor sabía que físicamente, los dos estaban preparados para ello… pero psíquicamente, era otro cantar. Había hablado por separado con ellos, los dos lo habían entendido. Pero para ellos, era complicado.

Conocían la teoría, pero no tenían la menor idea de la práctica. Sam, en especial, se había dejado notar bastante preocupado por la idea de procurar placer a su compañera. "Ella está diseñada para sentir placer, Sam, y no se trata de un poste, sino de tu compañera en esta investigación. Te ayudará, te guiará, igual que tú deberás guiarla a ella.". Había dicho el Doctor, y tenía razón, pero igual que podía sentir placer, también podía sentir dolor, y eso preocupaba a Sam. No sabía ni siquiera besar, ¿cómo se iba a defender? "Podría dirigir cualquier nave del imperio con los ojos vendados sin necesidad de ordenador de a bordo; podría calcular la ruta sin ayudas, sólo mirando las estrellas, sin necesidad de ningún mapa ni instrumento de medida; podría operar a corazón abierto, hacer cirugía cerebral, dar clases en la universidad y tocar cualquier instrumento musical… pero ni siquiera sé dónde debo poner las manos cuando la bese".

El androide había sugerido si no sería adecuado que, antes de tener sexo juntos, lo tuvieran por separado, aprendieran a conocer sus cuerpos, experimentaran el autoerotismo…

-¿Quieres decir "masturbación"? – Había preguntado el Doctor, y Sam había asentido. "Para la mayor parte de las cosas, es incapaz de dar un rodeo. A veces titubea, pero sólo porque busca palabras lo más exactas posible, en cambio el sexo le produce pudor… y hasta un poco de miedo. Porque su idea de la masturbación no es tanto para aprender de sí mismo, como para retrasar el momento y para sentirse un poco más seguro". – Yo también lo he pensado, Sam, pero no es viable.

-¿Porqué?

-Pues… en primer lugar, dime, tú has leído literatura erótica para intentar encontrar algo que te sea útil en ese momento, ¿te has excitado con ella?

-No. – admitió Sam.

-Tu cuerpo, no es como el humano, hijo. Tus reacciones, no son tan automáticas como cabría desear. Un hombre normal, una mujer, pueden excitarse viendo imágenes, o leyendo… un androide necesita estímulos más directos, necesitas estar con ella para sentir estímulo sexual. En la especie humana, la masturbación nos guía al sexo. En vuestro caso, primero necesitáis practicar sexo para aprender después a masturbaros. Si tu cuerpo no lo experimenta, para tu cerebro es como si no existiera… es como las cosquillas. Tu cerebro no entendía la sensación, ni siquiera sabías qué significaba esa palabra, porque nunca lo habías sentido. Tuve que hacerte cosquillas con la pluma para que supieras qué era, y todo cobró sentido. Esto, es lo mismo. Sabemos que eres sensible, sabemos que, teóricamente, podéis tener sexo… pero tenemos que ver si en la práctica realmente os funciona el cuerpo, sentís placer y con qué intensidad. Y debéis hacerlo juntos.

-Doctor, eso… eso quiere decir, que, el día de la prueba… ¿hay posibilidades de que no… no funcione?

-Pierde cuidado, Sam, se te levantará. – A Connor le gustaba de vez en cuando, soltar alguna expresión de poco gusto, sólo para ver cómo reaccionaba el androide. Si se reía nerviosamente, si entendía qué quería decir, si se lo tomaba a mal… También eso era parte del sexo y los sentimientos, pero Sam se limitaba a parecer apurado. El Doctor sabía que su creación confiaba en él ciegamente, pero a veces, el haberle dado sentimientos resultaba un incordio para Sam, porque su aprensión se sobreponía a su confianza. Lo que Connor no quería decir es que había un segundo motivo para que la masturbación no se produjera, y era el Comandante. "Nadie nos asegura que ese par de monigotes tengan control sobre sí mismos" aseguraba el militar "¿Quién nos dice que empieza a meneársela y le gusta tanto que no puede parar? No estoy dispuesto a correr ese riesgo, si eso sucede, que sea cuando follen, así si hay que desactivarlos, por lo menos ya tendremos las respuestas que buscamos". De modo que Connor se había visto en la obligación de incluir pequeñas inhibiciones subconscientes en el cerebro de ambos que considerasen la masturbación algo triste y humillante, algo sucio y una pérdida de tiempo. Sam y Femme ni siquiera sabían que eso estaba dentro de sus cerebros positrónicos, y en realidad no era tan grave, cuando practicasen sexo, esas inhibiciones se desconectarían solas y posteriormente ya podrían masturbarse, pero a Connor le molestaba aquélla imposición militar. De hecho, le molestaba todo lo que viniera del Comandante.

Al día siguiente, en la cafetería donde todos almorzaban, los dos androides, como siempre, estaban sentados juntos. Al principio se habían sentado frente a frente, ahora se sentaban el uno al lado del otro mientras comían. Sus almuerzos no eran diferentes del resto del personal, porque sus aparatos digestivos habían sido construidos para no destacar, de modo que mediante procesos electrónicos y químicos que emulaban los biológicos, procesaban las comidas, extrayendo de ellas la energía y los elementos aprovechables, que eran la mayoría. Los restos que no servían, eran empaquetados dentro de sus propios cuerpos y también se expulsaban de manera idéntica a la humana.

Femme y Sam se miraban y finalmente ella le preguntó:

-¿Se lo sugeriste?

-Sí, no hay nada que hacer. Dijo que no podríamos hasta después de haberlo hecho juntos. Dijo que nuestro cuerpo es distinto al humano, que no podíamos excitarnos como ellos, que necesitamos forzosamente el uno del otro para lograrlo. Y… tiene razón. Se me ocurrió intentar probarlo, de forma estrictamente experimental, pero…

-¿No te gustó?

-Bueno, yo lo hice como leí que se hacía. Me tumbé en la cama sin ropa y empecé a acariciarme mientras intentaba pensar en algo que me excitase. Me hubiese gustado pensar en ti, pero era como si no pudiese… me daba la sensación de que te ofendía, así que recordé imágenes o fragmentos de libros…

-¿Y qué pasó? – Femme lo interrogaba con sus cálidos ojos castaños. A Sam le encantaba que ella lo mirase así y poder adoptar esa expresión de listillo que tanto les gustaba a ambos… pero lo cierto es que hoy, no tenía una respuesta tan superior como le gustaría dar.

-No pasó nada. – admitió – Eso sí, me resultó muy curioso la forma en que puede producir tanta frustración el que no pase nada. Las caricias eran agradables, verás… eran como cosquillas, y me gustaban, pero… Yo no podía ni mirarme. Tuve que taparme con las mantas porque no soportaba mirarme haciendo aquello. Era como si estuviera desperdiciando algo estupendo. Sólo era capaz de pensar que si me veías haciendo aquello yo solo, tú te sentirías triste.

-Eso no es cierto – contestó ella enseguida tomando su mano, y Sam sonrió y dejó que la suave sensación de calor fluyera dulcemente por sus dedos y la piel – Yo te quiero, Sam, y yo misma te sugerí aquello, ¿por qué habría de entristecerme que sintieras placer? Que sientas gozo me causaría alegría, no dolor.

-Lo sé… pero eso fue lo que sentí. Continué acariciándome bajo las mantas un rato más, moviéndolo, apretándolo... pero no funcionó. El Doctor tiene razón, Femme, hemos de esperar.

Su colaboradora asintió, un poco decepcionada. "Dice que me quiere… me ha dicho que me quiere" pensó Sam, masticando su ensalada de frutas "Creo que confunde la sensación de "tener cariño" con la de "estar enamorado", sus sentimientos son más perfectos, y tan fuertes que a veces no los distingue bien… pero a mí me gusta que me diga que me quiere, aunque yo no esté seguro de que yo la quiera a ella". Muy disimuladamente, movió su pierna bajo la mesa, lentamente, hasta que su rodilla tocó la de Femme. La joven pareció sobresaltarse ligeramente, pero sonrió. Sam frotó su pierna contra la de ella por unos segundos, y luego se separó de ella rápidamente.

-Me ha gustado eso que has hecho, ¿qué es? – preguntó Femme, sonriendo.

-Se llama "hacer piececitos", o "jugar bajo la mesa" – explicó Sam, cómo le gustaba explicarle cosas a ella, le encantaba poder enseñarle cosas, era tan gratificante que ella le hiciese preguntas y que él pudiera contestárselas… - Lo vi en una película, forma parte de lo que se llama "coqueteo y seducción", esto es, que dos personas intentan saber si el otro es receptivo y tiene ganas de emparejarse con él. Si te ha gustado, es porque tú tienes ganas de tener sexo conmigo.

-¿Y para eso, necesitas hacer algo así? – sonrió con dulzura – Ya lo sabes… - "Me gustaría poder sonrojarme como ella hace. Sé que su rostro es idéntico al que tenía hace unos segundos, y sin embargo, a mí me parece mucho más hermoso".

-Tú y yo lo sabemos, pero los humanos no suelen saberlo, por eso recurren a este tipo de juegos. Se mandan señales mutuamente para decirse "me gustas".

-¿Porqué no se lo dicen directamente?

-En algunos casos, no quieren que se entere nadie más, así, en lugar de decirle a una chica "me gustaría tener placer contigo esta noche" delante de más personas, lo que hacen es algo así. O guiñar un ojo… luego, a solas, ya se dicen que se gustan. Y también creo que con las señales es más divertido. ¿Qué te parece mejor a ti, que yo te diga simplemente que me gustas, o que haya acariciado tu pierna con la mía?

Femme sonrió y asintió. Luego se arrimó más a Sam y colocó su pierna sobre la de él, apretándole contra la otra y le abrazó con la mano, bajando por la cintura hasta casi el borde de las nalgas, sin dejar de sonreírle dulcemente. Sam se puso ligeramente tenso y notó que su bomba de calor se aceleraba de tal modo que apenas podía respirar, pero a pesar del apuro que sentía, no era desagradable en absoluto. De hecho, el calor que le colmaba el cuerpo, era delicioso. El peso de la pierna de Femme sobre la suya era adorable, y el hecho de que la mano de su compañera estuviese tan cerca de una de las zonas prohibidas, le parecía terriblemente transgresor y pícaro… le gustaba.

-Estoy intentando decirte que tú también me gustas – dijo ella - ¿Hago bien mi señal? – "Esto, no es una señal, es una sirena de bomberos" pensó Sam, pero asintió y contestó.

-La haces muy bien, sí – la voz le salió un poco temblorosa, pero lo suficientemente convincente.

A unos veinte metros de ellos, el Doctor los miraba embelesado y orgulloso. "Ojalá hacer hijos fuera tan satisfactorio como hacer androides…"